Según datos estadísticos del 2024, en el área metropolitana de Bucaramanga hay un total de 920.000 vehículos, de los cuales 520.835 son motocicletas y desde luego, cuando crece el número de automotores sin que crezcan las ciudades, es lo mismo que no comprarle ropa nueva a un niño en la medida que éste crece, lo cual genera enormes incomodidades.
Un vendedor de vehículos nos decía que para mantener la representación de la marca debe vender mínimo 60 carros mensuales; se pregunta uno cuántos vehículos hay que vender al mes en esta ciudad. Un ejemplo para ilustrar lo que decimos es el caso de Piedecuesta, donde tampoco se ha construido una nueva vía y en donde las gentes están invadiendo el espacio público con ventas ambulantes; si a eso le sumamos el irrespeto de las normas de tránsito, termina sintiéndose uno como si estuviera en Calcuta.
Con un tráfico como el nuestro siempre se sabrá a qué horas sale, pero nunca a qué horas llegará, pues cualquier evento causará un trancón vial que genera estrés y ansiedad.

De igual manera, aumenta el consumo de combustibles pues el arrancar y parar permanentemente hace que la gasolina rinda menos, lo cual implica un gasto que desde luego incide en el costo de vida del propietario del vehículo
A su vez la cantidad de vehículos genera contaminación del aire y un exceso de contaminación acústica que puede producir casos de ansiedad y estrés; sumémosle la indisciplina vial, que hace que cada quien puede hacer lo que le viene en gana, parqueando donde quiere, irrespetando los semáforos, desconociendo la dirección de las vías y causando accidentes que se imputarán siempre al conductor del vehículo, lo cual lo logran por las buenas o por las malas.
No somos expertos en materia de seguridad vial, tampoco en fabricación de empanadas, pero sí podemos saber si son agradables y deliciosas; algunas veces se ve que un pequeño ajuste vial arregla un problema; pero existen negligencias administrativas que agravan la situación, como cuando fallan los semáforos que, los de la zona, ya cumplieron su vida útil sin que se vea una solución al respecto.
En definitiva, una ciudad llena de carros es menos saludable, menos eficiente y menos agradable para vivir.
Hoy hay otras alternativas, como los carros eléctricos lo cual facilita el desarrollo vial; desde luego no hay soluciones mágicas; pero hay cosas que son lamentables como el fracaso del transporte público, que lejos de ser una verdadera alternativa fue una tragedia económica.
Sin embargo, no se ve que haya una política clara para remediar esta situación y si no empezamos desde ya, para cuándo lo vamos a dejar.












