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Columnistas
Domingo 17 de agosto de 2025 - 01:00 AM

¡Unidad nacional! Sí, ajá…

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Esta semana fue de treinta años. Regresamos al pasado a revolcar los tétricos recuerdos de una época que, creíamos, haber superado. Despertamos, como en 1989, con la noticia del fallecimiento de un precandidato presidencial, un joven asesinado cobardemente a manos de la sempiterna impunidad que, desde el crimen del general Uribe Uribe hace más de un siglo, cubre el rostro de sus verdaderos autores. En eso nadie nos iguala.

Otra vez los titulares a ocho columnas en los principales periódicos, los avances informativos de los noticieros, las declaraciones prometiendo exhaustivas investigaciones y cientos de miles de mensajes por redes sociales y grupos de WhatsApp, con mil y una interpretaciones sobre un hecho que ha puesto en máxima alerta a nuestra democracia. En medio de tanta locura se escuchó un clamor: ¡unidad nacional! Sí, ajá… más duró un caramelo en la puerta de un colegio que en volver a la ya acostumbrada algarabía irracional en que se ha convertido la puja por el poder en Colombia.

Que a Miguel Uribe lo mató Petro, que la derecha inventó la muerte del senador -por eso su rostro no se dejó ver en el féretro- para incendiar el país, que qué diablos hacía el ‘guerrillero’ del Juan Manuel Santos en las honras fúnebres, que asesinaron a un miembro que no era de ‘los nuestros’, que por qué tanto escándalo por un muerto de la oligarquía colombiana cuando otros 96 líderes han caído este año también a tiros y nadie dijo nada, que no vamos a su funeral porque nos pidieron que no estuviésemos, que ya sabemos quienes tiraron del gatillo, que ‘presidente’ Uribe Vélez recoja usted las banderas del mártir acribillado, y así, cientos de afirmaciones con verdades a medias, teorías conspirativas y el cuchillo apretado en la boca para descuartizar a aquel que piense distinto a lo que yo quiero oír.

Las bellas palabras de María Claudia Tarazona, esposa del político muerto, en las cuales no hubo ni una coma para dejarle espacio al odio y a la venganza, las desestimamos apenas se limpió las lagrimas durante su intervención en el púlpito. ¡Que entereza la de esa mujer! Valiente, no se quebró ni siquiera ante la inocente figura de su hijito de apenas cuatro años, el ruido a su alrededor ahogó el sentimiento de una esposa a la que el amor de su pareja -así lo dijo- le alcanzará hasta el último de sus días.

El odio nos gana. No es posible que estemos condenados a seguir matándonos a nombre de dos extremistas, ustedes bien saben quiénes son. Nuestro futuro no puede quedar en manos de un provocador como Daniel Quintero o un remedo de gánster como Abelardo de la Espriella. Me niego.

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