Los periodos constitucionales para la Presidencia y las administraciones regionales y locales son en Colombia muy cortos en realidad. A pesar de los diversos intentos por ampliar estos periodos, no hemos tomado decisión alguna para superar ese corto plazo. El primer año se va entre empalme efectivo, consolidación de equipos de trabajo (siempre hay una curva de aprendizaje), mantenimiento –aunque se hagan ajustes- de los programas y servicios básicos que no se pueden detener, formulación del plan de desarrollo, armonización presupuestal, construcción del plan plurianual de inversiones, nuevo presupuesto, etc., etc. Ese primer año es un desafío tenaz enfrentando las expectativas de los votantes con las posibilidades reales. Ya con plan y presupuesto viene la definición de prioridades de inversión, diseños fase III de obras estratégicas y puesta en marcha de nuevos programas. Algunos dicen que lo que no se diseñe en el año 2 y no se contrate en el año 3, no se hizo. Y no les falta razón, cuando cada gobierno quiere empezar de cero.
Bucaramanga enfrenta hoy una situación atípica e indeseable. Es cierto que vivimos un retraso en las obras o decisiones públicas que afectan el desarrollo de la ciudad, por diversas razones de financiación o gestión y también por la inestabilidad política durante el primer semestre. Ahora vendrán meses peores en condición de interinidad hasta que se defina en un nuevo proceso electoral quien llega a dirigir la ciudad. Nadie quiere que Bucaramanga sufra las consecuencias de esa inestabilidad y es hora de moderar los discursos de odio y tomar una actitud conciliadora y proactiva entre ciudadanos, gremios, gobiernos y autoridades nacionales. Es hora de un liderazgo colectivo con el cual aprovechemos esta crisis para planear y construir una visión prospectiva actualizada.
Bucaramanga debe ser planeada. Revisar el plan vial metropolitano, el plan de ordenamiento territorial y el plan de gestión integral de residuos sólidos para construir las soluciones inmediatas que no dan espera y proyectar un futuro viable. Una metrópoli intermedia como el área metropolitana de Bucaramanga no puede seguir sin un sistema de transporte masivo. Tampoco sin un plan de desarrollo económico estratégico que responda a la visión colectiva de ciudad. El ordenamiento territorial debe responder a los anteriores y tener coordinación total con los planes de los municipios vecinos y una proyección conjunta en el Plan Integral de Desarrollo Metropolitano. En fin… tenemos muchos temas por discutir, acordar y construir. Un gobierno de transición tiene que reconstruir la confianza, terminar las obras que están a medias, realizar los estudios y diseños completos para obras que se prioricen, fortalecer la política social y avanzar en la construcción de esta apuesta planificadora integral de ciudad.











