Desde mis años como estudiante de Derecho en la UNAB, asistir a ULIBRO ha sido una obligación moral, al ser uno de los mejores eventos que tiene Bucaramanga con una propuesta que incentiva el arte y la cultura. Por ello, recibir la invitación de la organización para compartir escenario con profesionales de la talla del periodista Javier Flórez y el exviceministro de Hacienda Juan Alberto Londoño es un motivo de honor, máxime cuando se trata de participar en coloquios sobre temas como la Autonomía Territorial y el Proyecto de Ley de Competencias en el contexto de nuestra región que, deberían ser la prioridad en los debates políticos y los medios de comunicación.
Sin embargo, mientras el país discute sobre las transferencias del Sistema General de Participaciones, la descentralización y las competencias que asumirían los entes territoriales, en Bucaramanga los focos se concentran en el fallo por doble militancia de Jaime
Andrés Beltrán y las alianzas políticas que se tejen para alcanzar el poder en las elecciones atípicas, sin reparar en los problemas estructurales que padecen los bumangueses desde hace años y cuyas soluciones se alejan cada vez más. Vivimos en una ciudad donde la mayor estabilidad es la inestabilidad institucional, si se tiene en cuenta que, de los últimos cuatro alcaldes, solo uno ha terminado su periodo.
A ello se suma la proximidad de las elecciones parlamentarias y el revuelo que despierta la figura del presidente en la región, lo que nos mantiene atrapados en una constante disputa electoral.
Mientras sigamos inmersos en peleas por políticos que no conocemos y por ideologías que no comprendemos, la politiquería y el populismo serán los grandes vencedores. La ausencia de un proyecto de ciudad es responsabilidad también de los ciudadanos, que se conforman con discusiones estériles sin centrarse en los verdaderos problemas. Lo que ocurre en Bucaramanga dista de una democracia funcional: la política que nos sumerge en el caos promete fórmulas mágicas para problemas que nunca ha sabido enfrentar.
No obstante, no todo está perdido. Aunque se avecinan tiempos difíciles, con una disputa electoral pueril donde las bodegas digitales y las acusaciones pesarán más que las ideas y las propuestas, espacios como los que ha abierto ULIBRO son una luz en la construcción de una ciudad que no aguanta más. Necesitamos que este modelo se replique, que los medios de comunicación abran micrófonos a voces críticas y plurales, que la academia asuma un rol más activo y que las comunidades se conviertan en protagonistas. Solo con “diálogos ciudadanos” podremos dejar de lado la inercia de la confrontación improductiva y avanzar hacia una Bucaramanga con propósitos, objetivos y con una misión y visión claras.










