La queja desplaza el acto creativo. El impulso de vivir es permanente, pero el sentido de vivir lo da cada uno con cualquier cosa que se invente y que atienda a este impulso. Vivir con sentido es una tarea de todos los días que no puede relegarse a los demás ni tampoco a las circunstancias. Se necesita del acto creativo para asumir con responsabilidad la tarea de vivir; no es un asunto exclusivo de los artistas, se trata de confiar en lo que cada uno es capaz y llevarlo a cabo.
Confrontarse es una labor que demanda opinión, pero también fundamento. Vivir a la ligera es algo que muchos creemos haber experimentado, y su contraparte es vivir asumiendo la autoconfrontación. ¿Cuántas vidas se pierden cuando se confronta la vida? Aceptarse es reivindicar aquello por lo que seremos creativos; aquello que le da sentido a nuestras vidas, saber que uno sabe algo de sí mismo y que nadie ni nada estará aquí para confirmarlo. Confrontarse es leer y releer nuestra propia historia de vida sin la pretensión de justificarse en un pasado añorado o en un futuro esquivo y distante. Confrontarse es darse la propia mano de invitación o de bienvenida, sabiendo que no seremos recibidos.
Mujeres y hombres viven una extraña relación con su presente y con su entorno. Contenidos de formación personal y superación llenan las expectativas de quienes confían en que algún día lograrán hacer algo distinto. Y este puede ser el acto creativo por el que muchos asechan. Sin embargo, las expectativas son contrarias a lo que se sabe: pocos asumen lo que verdaderamente cabe en sus vidas; aquello para lo que están preparados y que no pueden evadir cambiando de contenido. Con todo esto la felicidad se vuelve un proyecto amañado, atado a lo que otros piensen y nos digan respecto a nuestra propia vida. Pero son bienvenidas las ayudas. Y de nada sirve quejarse.
Vivir es aprender a leerse. No es algo dado por motivación propia, siempre deriva de la relación con los demás. Nadie escapa de su propio juicio, aunque es probable que lo pueda hacer del juicio ajeno. Por estos días, Bucaramanga es visitada por una gran cantidad de escritores y lectores, que confían en ser recibidos en una ciudad que a la hora de leer puede ser como cualquier otra; pero a la hora de entender es única como cada una. Ulibro abre sus puertas una vez más, lo que cambia es la experiencia que cada uno deposita al asistir a este gran encuentro con las letras vivas que otra vez nos intentan ilusionar y dotar de sentido, esta vez con una fuerte dosis de realidad y gratitud.












