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Jueves 28 de agosto de 2025 - 01:00 AM

No a la maternidad sin libre decisión…

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En 2022, la mayoría conservadora de la Corte Suprema de Estados Unidos derribó el derecho federal al aborto, determinando que su Constitución no lo estipula. Esto permitió que cada Estado regulara o prohibiera el aborto. Algunos de ellos declararon la prohibición total sin excepciones, alegando una obsoleta y descontextualizada ley de 1864. Y, las mujeres estadounidenses se quedaron sin la protección federal en materia de derechos sexuales y reproductivos que existía desde 1973.

Un retroceso en los derechos de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, su sexualidad y proyecto de vida. Un gigantesco paso atrás, del que Trump se ufanaba ser el artífice toda vez que, durante su primer mandato, había nombrado a tres magistrados ultraconservadores a la Corte Suprema.

Un año después, un informe de la universidad de Pittsburgh señala - en población entre los 18 y 30 años - un aumento “fulgurante del número de esterilizaciones como medio de contracepción después de la anulación de la garantía constitucional del derecho al aborto a nivel federal”. “Tendencia que permanece estable entre las mujeres mas no entre los hombres”. (Aun si los procedimientos de esterilización son más complejos y costosos para las mujeres que para los hombres y de reversión más complicada y onerosa).

Es sabido que todavía son las mujeres jóvenes quienes cargan con la responsabilidad de prevenir los embarazos, que efectivamente afectan su cuerpo y salud e influyen profundamente sus proyectos de vida. El estudio de la Universidad de Pittsburgh subraya que “ellas padecen de manera desproporcionada las consecuencias sanitarias, sociales y económicas de las prohibiciones del aborto”.

Si bien el aborto no es un método anticonceptivo, sí es la oportunidad para muchas mujeres de decidir de manera autónoma si quieren/pueden o no seguir con un embarazo incipiente. Y, con tal de no verse enfrentadas a una maternidad obligada y a la restricción de su derecho a la interrupción voluntaria de su embarazo, muchas mujeres buscan una temprana esterilización definitiva.

Hasta hace poquito era impensable que, en pleno siglo XXI, las mujeres tuvieran que renunciar a derechos como la autonomía, la libre decisión y la maternidad elegida. Impensable que tuvieran de nuevo que arriesgarse a un embarazo indeseado con profundas consecuencias sobre su proyecto de vida.

En este contexto de represión de los derechos humanos de las mujeres, decidirse por una esterilización temprana es una forma drástica y sobrecogedora de no renunciar al derecho a decidir sobre su cuerpo y su vida. Lo cual, a la vez, resulta algo paradójico en la medida en que es una decisión forzada por la negación de su derecho a decidir cuándo, con quien y cuantas veces ser madre.

Estas mujeres lo reafirman: ¡sin decisión libre, no hay maternidad!

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