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Jueves 11 de septiembre de 2025 - 01:00 AM

De víctimas a victimarios

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Por sugerencia de mi amigo con algunos genes sefardíes, me adentré en la reseña publicada en la edición dominical de El Espectador sobre el escritor y sociólogo bogotano Bibliowicz y en una de sus novelas :El rumor del astracán, que nos permite comprender un aspecto poco visibilizado pero esencial: la inmigración judía a Colombia durante la persecución de la población askenazi en la Segunda Guerra Mundial. Esta obra muestra las complejidades del choque cultural que enfrentan quienes deben reconstruir su identidad en un contexto desconocido. La Bogotá de entonces se revela como una ciudad cruel, desigual e injusta, que recibía tanto migración rural desplazada por la violencia política como inmigrantes extranjeros, aumentando así la tensión social.

Bibliowicz señala que, mientras en Europa las personas huían de hambrunas y del antisemitismo, en Colombia surgía una nueva violencia ligada a la propiedad de la tierra, impulsada por la ley 200 de Alfonso López Pumarejo. Esta ley permitía a personas con pequeñas parcelas reclamar su propiedad tras veinte años de trabajo, circunstancia que derivó en tensiones y en la prohibición de visas para judíos bajo el gobierno de Eduardo Santos y su canciller Luis López de Mesa. Esta decisión evidencia el racismo, la disputa por la tierra y la tendencia a la guerra que han marcado la historia nacional, aspectos que el presidente Petro busca transformar al retomar las reformas liberales iniciadas en los años treinta.

El sociólogo nos comparte una conversación con un judío neoyorquino sobre el conflicto en Gaza, en la que se lamenta que un pueblo históricamente víctima, como el judío, pueda llegar a ser victimario. Expresa que la única solución al conflicto reside en la coexistencia de un Estado Palestino junto a un Estado Judío. Este pensamiento me evoca la novela de Julia Navarro, Dispara, yo ya estoy muerto, y resalta la importancia de la consciencia histórica para evitar repetir errores y la necesidad del perdón.

El pueblo judío, como cualquier otro, está conformado por héroes y villanos. La consciencia histórica permite avanzar y aprender de los errores, recordando siempre la importancia de perdonar y construir una convivencia pacífica.

¡El genocidio al pueblo de Gaza es repudiable! Tanto como la complicidad de Duque y del pastor Beltrán.

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