En Colombia, existe una diferencia abismal, en términos de productividad, entre una persona que ama apasionadamente su trabajo y quien simplemente lo tolera. La afinidad genera compromiso genuino, creatividad espontánea y voluntad de ir más allá; en cambio, el desinterés siembra ausencias, desmotivación y rotación constante.
De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la tasa de rotación laboral en el país alcanza el 41% anual, socavando la eficiencia y el capital humano. Además, el 48% de los empleados considera cambiar de trabajo en el próximo año, impulsado por la falta de crecimiento profesional, mejores ingresos y flexibilidad.
En términos de productividad, Colombia se sitúa en el puesto 11 de 22 en Latinoamérica, con apenas US$17 de aporte al PIB por hora laborada, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Capal). Más aún, el trabajador colombiano es de los que más horas dedica, pero con un rendimiento “mucha jornada, poco valor”. En 2022 se registraron 2.297 horas laboradas en promedio, con una productividad de apenas US$21,6 por hora.
El clima laboral cumple un rol crucial: un ambiente positivo, donde hay asertividad, liderazgo participativo, reconocimiento, equilibrio y opciones de desarrollo profesional, estimula la motivación y retención del talento. Es de señalar que un 62% de los empleados del país recomendaría su empresa como un buen lugar para trabajar, según el EY Work Reimagined Survey, lo cual evidencia la relevancia de una cultura organizacional sólida.
Estas cifras tienen especial resonancia en Santander, donde las pequeñas y medianas empresas representan el 99,5 % del tejido empresarial, absorben el 65% del empleo, pero generan apenas el 35% del PIB, señalando una clara brecha de productividad.
Una fórmula combinada de estabilidad laboral y clima inspirador podría ser decisiva para cerrar dicha brecha. El presidente Gustavo Petro afirmó que “si hay estabilidad laboral, hay mayor felicidad en Colombia y mayor productividad”. Bajo esta perspectiva, la reciente reducción de la jornada laboral (de 46 a 44 horas semanales en julio de 2025, camino a 42 en 2026) busca equilibrar la vida laboral y personal sin sacrificar derechos.
Como líder de una compañía, he sido testigo de cómo una persona apasionada por su labor produce más, comete menos errores y apuesta por la excelencia. Pero esa chispa no surge sola: necesita un clima laboral que nutra su motivación, le ofrezca seguridad, crecimiento y reconocimiento.










