Según la RAE la farsa es una “obra de teatro cómica, generalmente breve y de carácter satírico” y en su segunda acepción es una “acción realizada para fingir o aparentar”. Aunque bien podría ser el primer significado, es el segundo el preciso para calificar el discurso del presidente Petro en la 80º Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas.
Al escuchar a Petro podría pensarse que el presidente de Colombia es un reconocido crítico del papel dominante de los Estados Unidos (EE. UU.) en el mundo, sin embargo, los más de tres años de su gobierno demuestran lo contrario; ha sido un obediente ejecutor de las orientaciones de EE. UU. y de las organizaciones que apuntalan su hegemonía.
Petro comparó a Trump con Hitler aunque hace apenas unas semanas le estaba diciendo: “Hermano piensa en negocios, business, business, time is money, nos queda un año”. De manera que presentar la animadversión entre Trump y Petro como una diferencia de fondo en la relación entre los dos países es inducir al error, pues los vínculos neocoloniales siguen intactos.
En materia militar, Colombia sigue siendo “socio global” de la OTAN mientras Petro avala una instalación militar gringa en la isla de Gorgona, en lo económico, le cumple al FMI con mientras incumplió la promesa de renegociar el TLC. En cuanto al narcotráfico, el Gobierno le presentó a EE. UU. un enfoque “holístico” de la lucha antidrogas sin renunciar a la erradicación forzosa y el exministro de justicia Osuna confesó que la palabra -holística- fue “recomendada por el gobierno de EE. UU.”
A pesar de la descertificación, la Embajada norteamericana precisó que “no cambiará nada” y que “toda la cooperación cuyo valor está en cientos de millones de dólares puede continuar sin interrupciones”. Los últimos tres años la llamada asistencia del gobierno de los EE. UU. a Colombia ascendió a 1.532 millones de dólares colocados en 182 actividades en más de diez sectores.
Petro condena el genocidio en Palestina, pero acomoda los hechos para exculpar a sus aliados del Partido Demócrata del apoyo irrestricto que le han dado al gobierno de Netanyahu. Petro agradeció a Catar, una monarquía absoluta que alberga la base militar Al Udeid, hogar del Comando Central de EE. UU. y la mayor instalación militar gringa en Medio Oriente. Allí se realizan los “diálogos” con el Clan del Golfo.
Queda claro en los hechos que el gobierno de Petro es un obediente seguidor de las orientaciones de Washington y que su retórica tiene como propósito esparcir una gran nube de humo sobre los acontecimientos para impedir que las mayorías revelen su verdadero carácter y se luche por un auténtico gobierno soberano.










