Hace muchos años y en medio de la investigación histórica que realicé sobre el Atlético Bucaramanga, juré que deseaba saber en dónde estaban los jugadores que habían vestido la camiseta del equipo en 1975. Al loco Vilarete lo veía seguido aquí y en Santa Marta; me encontré con el ‘vallenato’ Agudelo, hablé con Alfredo Arango antes de que falleciera hace 20 años, también con su hermano José del Carmen. Con Pedrito Ardila y con ‘Papo’ Flórez me veía todas las semanas; fui a Buenos Aires para abrazar a Miguelucci y a mi regreso de la Argentina almorcé en Bogotá con ‘el burro’ Centeno. Buscando a Zelaya, aparecieron los otros dos paraguayos: Atilio López y ‘el pato’ Bareiro. Carlos Gaviria asomó la cabeza desde Medellín y cómo olvidar a Frascuelli a quien veía seguido antes de morir en el accidente del avión de Avianca en Cúcuta. El técnico era Víctor Pignanelli a quien fuimos a despedir al Aeropuerto Palonegro antes de partir rumbo a Uruguay.
Hace dos semanas, gracias al grupo ‘Hablemos de fútbol’, contacté a un vallecaucano que jugaba en ese equipo: Oscar Panesso Valencia, más conocido como ‘el mono’ Panesso. Este volante ocho, nacido en Cali el 9 de septiembre de 1951 y criado en el barrio Bretaña donde todo el mundo se amaña, se inició en el fútbol jugando torneos de la liga del Valle con el equipo Lavandería América Central y todo gracias a que su hermano mayor, Miguel Ángel, era futbolista profesional con el Boca Juniors y luego pasó al Deportivo Cali. Oscar salía de la mano como mascota del cuadro azucarero y terminó siendo hincha del onceno verdiblanco.
En 1972 apareció en Cali el argentino Omar Verdún quien estaba buscando jugadores para reforzar al Real Cartagena; charlando con su paisano Dardo Migone, este le recomendó a Panesso quien luego de firmar contrato debutó ante Santa Fe y a los seis meses se vino para el Bucaramanga en donde jugó durante cinco años. “Allá tuve como técnicos a Edgar Barona y a don Víctor Pignanelli quien logró conformar un equipazo, no nos ganaba nadie. Al principio ni jugaba, esa nómina tenía calidad. Pedro Ardila, ‘Papo’, ‘Pitula’, Arango y ahí detrás venían Polo Gómez, ‘Pollo’ Díaz. Cómo sería eso que un día le estábamos dando un baile al América en Cali y Pedrito les hizo de todo hasta que lo agarró Luis Eduardo Reyes y le dejó esos tobillos hinchados de todas las patadas que le dio; esos tobillos parecían dos repollos por la noche”.
Andaba para arriba y para abajo con Jimmy Cristian, Julián Martínez y ‘Pitula’, quienes eran sus mejores amigos. La charla estaba presupuestada para 10 minutos porque necesitaba unos datos personales, pero Panesso se soltó a hablar, se emocionó y hasta se le quebró la voz. Recordó con cariño a dos directivos: Ambrosio Mantilla y Hernando Díaz. En su narración manifestó que el Bucaramanga siempre tuvo jugadores de calidad como Leonidas Hurtado y los brasileños ‘Pipico’ y Gillio; “yo bauticé a Vilarete como ‘care piña’, ese loco le daba más duro al balón con la cabeza que con los pies”. Se retiró del fútbol en el 77 cuando llegó al Atlético el técnico argentino Ricardo Pegnotti y le dijo que no lo tenía en sus planes; se marchó para el Tolima y el Quindío, pero no pagaban ni dándoles la plata, así que se fue para Cali, trabajó durante 30 años con la Secretaría de Educación y allí se pensiona. “Vivía en Cabecera, me trataron muy bien; el día que el Atlético salió campeón yo bailaba en una pata y gritaba, cómo sería que los vecinos pensaban que yo estaba loco. Recuerdo el golazo que le hice a Navarro, el portero de Nacional, eso nunca se olvida”. Vive muy tranquilo en Cali al lado de su esposa Ana Beatriz y de su hijo Gustavo Adolfo; juega fútbol los fines de semana y quiere venir muy pronto. Aquí te esperamos mono querido, un abrazo y hasta siempre.












