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Domingo 12 de octubre de 2025 - 01:00 AM

Si Bolívar hubiese tenido X (Twitter)

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Si hubiese existido X (antes Twitter) en la época de la Independencia, a Bolívar ya lo habrían cancelado por #Vendido. El Petro opositor llevaría cientos de trinos, Spaces nocturnos, veinte hilos y un hashtag en tendencia: #BolívarGenocida. Con su tono de profesor resentido, explicaría que el Libertador buscaba ayuda internacional “para traer una dictadura británica”. Le diría fachonazi y obvio, añadiría la estocada de clase: que Bolívar era un rico epulón, un hidalgo de familia adinerada que no venía de “los nadies” —como él— y por eso no podía hablar de “pueblo”.

Publicaría mapas, infografías y supuestos contratos: “¡Mercenarios ingleses! ¡Préstamos extranjeros! ¡Armas compradas con deuda británica!”; y le diría “británico genocida” al que se atreviera a cuestionarle sus posiciones. . En cada uno de sus TikToks antibolivarianos, se encargaría de recordarle al pueblo que Bolívar pretendía aliarse con los genocidas británicos, responsables —ya para ese entonces— de crímenes que hoy serían de lesa humanidad: el tráfico transatlántico de esclavos, las hambrunas forzadas en la India, el saqueo colonial y la muerte de millones de personas alrededor del mundo.​

A cada viaje de Bolívar a Europa en busca de apoyo para la causa, saldría Petro con pancartas a frenar al “vendido” que iba a negociar con genocidas.​

“¡Ninguna revolución justifica alianzas con cualquiera, no pasarán!” Y se hubiese inventado el cuento de que él sí podría lograr la “independencia total”.

Ironías del tiempo: ese Petro del pasado acusaría y cuestionaría cualquier intento de Bolívar de aliarse con quien pudiera ayudarle a su causa, inocente de que él mismo, en el futuro, se aliaría con personajes de la peor calaña de la política colombiana para ganar la suya: la Presidencia.

“¡Si llegan los barcos de la legión británica, bombardearán a nuestro pueblo!”, sería el mensaje que esparciría Petro por las estrellas del universo.

Nunca hubiese podido imaginar aquel opositor que, en efecto, los fusiles llegaron, los británicos pelearon, los préstamos se firmaron, y no hubo un genocidio de americanos provocado por la ayuda extranjera. Hubo independencia… y los ingleses nos pasaron la factura, como era de esperarse. ​​Los problemas comerciales vinieron después: como hoy Venezuela empeña petróleo con China y Colombia negocia con Estados Unidos; como los créditos que el mismo Petro ha gestionado con multilaterales —incluido el BID— y superan los 1.500 millones de dólares. En política, nadie hace nada “por amor a la causa”, se meten porque van a ganar más de lo invertido, sino que lo diga el clan de Euclides Torres. Ya habrían querido los ingleses haber sacado tan buena partida de nuestra independencia como la que ha sacado el clan político de la costa atlántica en este gobierno.

Dos siglos después, no queda nada de la gran Colombia. Somos cuatro países dizque soberanos y financieramente “dependientes”. El único diferente es, paradójicamente, la tierra de Bolívar, Venezuela. ​

​Hoy, la recientemente laureada con el Premio Nobel de Paz, María Corina Machado, representa la anhelada democracia que cualquier nación merece y desearía. Pero Petro, siempre opositor, se alinea con la tiranía. ​

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