Publicidad

Columnistas
Sábado 18 de octubre de 2025 - 01:00 AM

El Camino al Infierno

Compartir

Está plagado de buenas intenciones, dice el adagio popular, aunque en realidad es una frase que se atribuye al filósofo Friedrich Nietzsche y contiene un mensaje contundente y realista sobre la vida, cuando a la luz de un buen propósito no se logra un buen resultado porque tenemos razonamientos erróneos, desconocimiento o decisiones equivocadas en el proceso. Y esta referencia aplica hoy para uno de los temas más complejos que enfrenta la ciudad metropolitana.

Nadie puede desconocer que era necesaria una reforma al transporte público y que la contaminación y la congestión ameritaban la transformación hacia un sistema moderno y limpio, más eficiente y con infraestructura exclusiva para movilizar con mayor celeridad y comodidad a la mayoría de los habitantes metropolitanos. Hasta ahí todos de acuerdo.

Algunos opinan que una restructuración de rutas habría sido suficiente, pero soñar con un sistema integrado masivo con nuevos equipos, estaciones y recaudo sistematizado era una opción más atractiva. Ello implicaba grandes inversiones y cambios no solo en la estructura del negocio sino en la costumbre de los ciudadanos, pero el aporte del 70% del valor de la infraestructura por parte del Gobierno Nacional era un incentivo, al menos en teoría. Otros opinan que la motivación estaba sesgada por intereses económicos de unos pocos. La buena intención era mejorar la experiencia del usuario, reducir tiempos y emisiones y contribuir a la modernidad y el ordenamiento urbano, con un sistema BRT que reportaba éxito en otras ciudades.

La apuesta no resultó bien. En 2015 se registraban más de 100.000 pasajes/día, aún sin ingresar al Norte y Girón, pero después se derrumbó el modelo, se incumplieron todos los contratos, las deudas crecieron y los pleitos tomaron el liderazgo. La infraestructura vandalizada o abandonada ante la mirada incrédula de la ciudadanía es una de nuestras grandes frustraciones como sociedad. Los transportadores se quejan por sus perdidas económicas, los usuarios extrañan los buses, el transporte informal y la motocicleta llenaron el vacío que dejó el SITM y los gobiernos municipales claman apoyo de Mintransporte buscando una solución.

Lo cierto es que este camino nos está llevando al infierno. La movilidad en la ciudad es caótica y no podemos continuar sin definir un sistema de transporte masivo que recupere las buenas intenciones que motivaron Metrolínea y garantice el servicio a los barrios, donde la gente lo necesita. Esta administración ha optado por alquilar unos pocos buses y veremos qué tan apropiada es esta alternativa, pero lo que se requiere es una reingeniería total, sin sesgos, con expertos y transportadores que rediseñen el sistema a la medida y garanticen la viabilidad financiera, pero pronto, porque la demora solo genera más caos y desestimulo colectivo.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día