El panorama nacional y local está tan enredado que los ciudadanos hoy buscamos certezas más que promesas. Sabemos que en esta explosión de elecciones que iniciaron con la muy baja participación de la juventud el domingo anterior y con las consultas, atípicas territoriales, congreso y presidencia que vienen en los próximos meses se reitera que la gente decide su voto en los últimos momentos por emoción y no por reflexión, pero todo parece indicar que tendrá un elemento diferenciador. Un porcentaje creciente de personas está reclamando menos globos y más anclas, por lo que la emoción que empieza a requerirse es la confianza. Siempre habrá quien persista en proponer imposibles y castillos en el aire, pero ya muchos menos le creen.
Habrá, como siempre, quien ofrezca comprar el voto, pero le va a salir más caro.
En una conferencia reciente de un conocido estratega político que ha ganado y perdido elecciones en distintos países, expresaba como ha venido migrando la ilusión de cambio por la ilusión de protección. La orfandad y el temor a perder la estabilidad, la tranquilidad y la seguridad en este escenario político tan complejo, anima más a buscar alguien que proteja lo que tengo que alguien que proponga grandes transformaciones, aunque algunas sean necesarias para mejorar la calidad de vida.
Es como recuperar el carril. Volver a la ruta y evitar a quienes quisieran desestabilizar la estructura. Por eso, todo parece indicar que no será el mensaje tecnocrático ni el discurso revolucionario lo que motive la adhesión mayor, sino la certeza de recuperar la tranquilidad y el equilibrio para reiniciar la marcha. Y contrario a lo que podríamos pensar, son precisamente los pocos jóvenes que votaron el domingo pasado los que están confirmando esta hipótesis.
No por ello, algunos persisten en los globos o en promover el caos y pueden hacer mucho daño.
Lo que ha pasado en las últimas semanas en Bogotá es inaceptable, unos pocos sembrando el desorden, afectando el transporte y la infraestructura urbana, dañando edificios públicos y privados e incluso atentando contra la autoridad policial. ¿Y no pasa nada? Y para no ir más lejos un precandidato a la presidencia propone en Bucaramanga una gran “rodada” con fiesta el 31 de octubre para motivar ¿qué cosa? El riesgo es que siendo otro extremo acabe en vandalismo y tragedia. No es eso lo que la ciudad necesita y menos en este momento. Retador para el nuevo alcalde y para sus promotores.
Construir certezas implica generar confianza. Los ciudadanos buscamos a alguien confiable para dirigirnos, con carácter, autoridad y experiencia. Alguien que logre capturar y sostener la atención, transmitiendo certezas ante la fragilidad de la coyuntura.












