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Lunes 27 de octubre de 2025 - 01:00 AM

“El amor que mueve el sol...”

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Ahí la vimos todos, sentada en el parque Santander (tan abandonado, “con el general empeloto”, dijo Figueroa). Casi empeloto en este departamento tan santanderino. Estaba allí mirando hacía la Catedral de la Sagrada Familia. Bella mujer al que se le acercó un amigo y de una vez le notó un fino sentido del humor y su origen italiano, ese país que produjo a Miguel Ángel, a Leonardo da Vinci, a Botticelli, a María Callas, apodada “La Divina”.

Sencilla, alegre y con esa frescura de la persona libre, la que le preocupa el mundo y su belleza, la que teme se acabe la poesía, los árboles y los gorriones, como ya está sucediendo en la tierra.

Va de paso para la costa caribeña, sé quedó aquí porque “la gente ríe con facilidad”. Eso la sedujo y la vitalidad del santandereano. “No se arrugan y salen a trabajar en los oficios más disimiles”. Le llaman la atención que trabajan desde niños hasta ancianos, vendiendo frutas, ropa, chucherías, tinto. Desde temprano caminan por la ciudad. También le gustaron las montañas que rodean a Bucaramanga, su verdor, el hermoso páramo de Santurbán donde pasó dos noches en Mutiscua, ese jardín donde todo parece pintura. “Uno se conmueve al ver los frailejones, esa lagunas, ese cielo azul, esa soledad, ese sol y esa lluvia, los cóndores y los veloces zorros”.

La conmovieron esa noches estrelladas, ese silencio casi religioso, esas lagunas que eran sagradas para los indígenas y que se van secando y muriendo. “Gente maravillosa, alegre y genera”. Mi amigo se fue con ella a almorzar.

Le asusta la guerra aquí y en el mundo. Aunque no conoció por su edad la Segunda Guerra Mundial, lo supo por referencia de sus abuelos, sabe que es lo peor del ser humano. “Ahí se conoce al verdadero ser humano. Hasta el vecino de toda la vida te ataca y te roba”.

Le preocupan las basuras en la calle, el desaseo y el abandono, como este parque tan destrozado y también le preocupan las advertencias al salir, la inseguridad, los robos, la violencia de los taxistas y los motociclistas. Lo barato de la vida y de la comida. Le maravillan esa plazas de mercado tan abarrotadas, con tanta abundancia, le fascinan el olor de las plazas, la sonrisa y el humor de sus gentes, la picardía. Ese humor que viene de la Gracia. El humor, dicen, da la gracia. Mi amigo la invitó a la Plaza Central a almorzar. Allá se fueron y ella recitó en italiano: “L´amor che move il sole e l´altre stelle”. “Amor que mueve el sol y las otras estrellas”.

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