Esta semana Colombia volvió a exportar energía a Ecuador. La noticia resulta paradójica porque ocurre mientras nosotros mismos discutimos si tendremos suficiente electricidad para atender nuestra demanda durante los próximos años.
Las dos cosas pueden ser ciertas. Podemos tener excedentes en determinados momentos y, simultáneamente, enfrentar riesgos futuros de abastecimiento. Pero juntas plantean una pregunta mucho más interesante: ¿deberíamos limitarnos a producir la energía que Colombia necesita o aprovechar nuestra ventaja competitiva para producir mucha más?
Durante años hemos abordado el problema desde el déficit. Proyectamos la demanda, calculamos cuántos megavatios faltan y tratamos de construirlos.
Es necesario, pero quizás poco ambicioso.
El mundo está entrando simultáneamente en una carrera extraordinaria por conseguir energía. La inteligencia artificial parece virtual, pero necesita una gigantesca infraestructura física. La Agencia Internacional de Energía estima que los centros de datos consumieron aproximadamente 485 TWh en 2025 y podrían acercarse a 950 TWh en 2030 (doble).
Alguien tendrá que producir esa energía y algún lugar tendrá que albergar esas inversiones, esos data centers con todo lo que ello conlleva, más que energía.
¿Por qué no en Colombia?
Tenemos una matriz predominantemente renovable, enormes recursos hídricos, potencial solar y eólico, acceso a dos océanos, conexiones internacionales, una ubicación privilegiada dentro del continente y proximidad con Estados Unidos.
Tenemos también problemas importantes que resolver: transmisión, confiabilidad, seguridad, licenciamiento, estabilidad jurídica, conectividad, talento y disponibilidad energética permanente.
Pero ahí puede estar precisamente la oportunidad.
El nuevo gobierno recibe un país requiriendo inversión y con el reto inmediato de ampliar su capacidad energética, generación de empleo y mejoramiento de infraestructura de competitividad.
Si logra recuperar confianza, acelerar proyectos y ofrecer reglas estables, podríamos aspirar a algo mucho mayor que simplemente evitar un déficit o un racionamiento.
Podríamos atraer capital internacional para construir nueva generación, almacenamiento, transmisión, fibra e infraestructura digital, invitando a grandes consumidores como los data centers para justificar inversiones de largo plazo.
En lugar de competir con los colombianos por una energía escasa, esa nueva demanda podría contribuir a financiar la capacidad adicional que también necesita el país, y lo mejor, mejorar el costo unitario energético para todos.
Y el beneficio trascendería la inteligencia artificial.
Para atraer infraestructura crítica mundial necesitamos energía confiable, seguridad, conectividad, talento, estabilidad institucional y reglas claras. Curiosamente, son prácticamente las mismas condiciones necesarias para atraer manufactura avanzada, servicios globales, tecnología, logística y capital internacional.
Quizás el verdadero negocio no sean los data centers. Sea construir el país capaz de atraerlos.
Colombia tiene una oportunidad extraordinaria para dejar de administrar la escasez y comenzar a construir abundancia. Un país preocupado por el déficit construye lo que necesita. Una potencia construye más de lo que necesita para atraer aquello en lo que quiere convertirse.












