Hablar de Santa Marta es hablar de una ciudad privilegiada por la naturaleza. Tiene el mar, la Sierra Nevada, historia, cultura, playas y una ubicación que la convierte en uno de los grandes destinos turísticos de Colombia. Pero también es necesario hablar de la otra Santa Marta: la que diariamente enfrenta problemas que no pueden esconderse detrás de sus paisajes.
El presidente Abelardo de la Espriella, cumpliendo con el mandato, ha bombardeado a los delincuentes de la Sierra Nevada y la muerte, al parecer, del hijo del cabecilla ha generado estos estropicios en Santa Marta.
Un paro armado atribuido a las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada produjo amenazas, cierres de establecimientos, afectaciones al transporte y quema de vehículos. La respuesta de las autoridades ha sido reforzar la presencia de la Fuerza Pública y recuperar el control de las zonas afectadas.
Santa Marta no puede acostumbrarse a que la tranquilidad dependa de si un grupo armado decide decretar o levantar un paro. La autoridad debe estar presente antes, durante y después de estas crisis. Y esa presencia no puede limitarse a los momentos en que aparecen las cámaras de televisión.
Pero el problema de Santa Marta tampoco comenzó esta semana. La ciudad tiene desafíos históricos en agua potable, alcantarillado, aseo, movilidad e infraestructura. Uno de los más sensibles es precisamente la disponibilidad de agua para el consumo humano. Aunque Santa Marta cuenta con fuentes naturales y una ubicación privilegiada, el crecimiento de la población, la temporada turística, la insuficiencia de las redes y las dificultades de captación y distribución generan limitaciones que afectan a numerosos barrios. En algunos sectores, el servicio no es continuo y las familias deben almacenar agua o recurrir a alternativas costosas para atender sus necesidades básicas. Una ciudad que recibe miles de visitantes no puede seguir teniendo restricciones para garantizarles a sus habitantes el acceso permanente a un recurso esencial.
No se trata de desconocer los esfuerzos de las autoridades ni de negar los avances. Se trata de entender que Santa Marta necesita una visión de largo plazo. Seguridad, disponibilidad de agua, servicios públicos, infraestructura y turismo deben caminar juntos. Cabe también que sus moradores deben incluirse en lograr propósitos de progreso; las cosas no vienen del cielo, la indiferencia no procede.
Hoy estamos con mi familia en ese hermoso paraíso que se llama Costa Azul, lejano a la ciudad, pero se ven pasar los Kfir encargados de bombardear y apoyar las fuerzas de tierra: Ejército, Policía, recuperando el orden. Por eso los medios están mostrando el tiroteo y las fotos de los delincuentes dados de baja: quema de buses y de carros particulares, la ciudad cierra sus puertas, almacenes, restaurantes, colegios y escuelas. Sí, es una ciudad bloqueada, pero con la presencia personal de un presidente cumpliendo con el mandato recibido. Saldrá adelante, ya los veremos.












