¿Cuántas veces han escuchado que el placer femenino es un “misterio”? Algo complicado, muy difícil de entender y alcanzar.
Esta idea ha sobrevivido siglos. Pero más que un acertijo científico o humano de enorme complejidad, hay dos elementos clave cuando del orgasmo femenino se trata.
Primero, que el “misterio” parece existir solo para los hombres heterosexuales.
Así lo demuestra la enorme brecha del orgasmo entre mujeres heterosexuales y lesbianas: mientras apenas el 25 % de las primeras llega al clímax, el 92 % de quienes tienen sexo con otra mujer lo alcanza.
El segundo es el desconocimiento —profundo y estructural— del clítoris.
El primer estudio anatómico integral de este órgano se realizó en 1998, y sus resultados completos solo se publicaron en 2005. Hasta entonces, la mayoría de manuales médicos lo omitía o lo describía como una “versión fallida” del pene.
¿Y el famoso dato de las “8.000 terminaciones nerviosas”? Proviene de un libro de 1976 basado no en mujeres, sino en… vacas. Así es: hasta 2005 sabíamos más sobre el clítoris bovino que sobre el humano.
Esa ignorancia no responde a un desafío científico, sino a un desinterés histórico y a un tabú social frente al placer femenino.
Lo mismo ocurre con su dolor: la endometriosis, que afecta a una de cada diez mujeres, tarda en promedio 7 a 10 años en diagnosticarse y recibe 28 veces menos inversión que la disfunción eréctil, una condición de prevalencia similar.
En EEUU, cada paciente con disfunción eréctil recibe 5 veces más dinero en investigación que cada paciente con endometriosis, y ha incluso disminuido en los últimos años.
Y cuando sí se estudia, las prioridades son reveladoras:
La revista Fertility and Sterility llegó a publicar un estudio que calificaba la “atractividad” de mujeres con endometriosis, y otro se centraba en cómo la enfermedad afectaba a sus parejas masculinas.
El cuerpo y el placer de las mujeres no son un enigma, son un descuido histórico y una deuda pendiente.
El “misterio”, entonces, está en qué experiencias de gozo y bienestar podríamos descubrir, individual y colectivamente, si por fin empezáramos a tomárnoslos en serio.










