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Viernes 31 de octubre de 2025 - 01:00 AM

Cuando lo prohibido es atractivo

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Cometierra, de la autora argentina Dolores Reyes, editada y publicada por Sigilo en el 2019, fue absurdamente acusada de promover la pedofilia y censurada en las escuelas de Buenos Aires en el 2024 por un párrafo en el que se usaba la palabra «pija». Esa coyuntura desplegó una gran polémica en el mundo de las letras al ser tildada de inapropiada, generando una gran controversia sobre el rol de la literatura y la libertad de expresión.

La novela de Dolores Reyes, quien hace poco estuvo en la feria del libro de Bucaramanga, cuenta la historia de Ailín, una adolescente huérfana, que tiene la capacidad de ver los momentos de un asesinato al comer tierra del lugar del crimen. La protagonista descubre su habilidad cuando, siendo una niña, come tierra de la tumba de su madre y tiene una visión del asesinato que la dejó huérfana. A medida que crece, utiliza este poder para ayudar a personas que buscan a sus seres queridos desaparecidos o para reconstruir las identidades de víctimas de feminicidios.

El recurso de lo sobrenatural sirve así para visibilizar los problemas sociales al combinar elementos fantásticos y reales expuestos como terror social. El don de cometierra permite a las víctimas contar sus historias, dándole voz a los silenciados. Este tipo de historias de violencia de género imprimen la radiografía de una sociedad en la que ignoramos lo que escandaliza. Tal como Alberto Sileoni, director general de cultura y educación de la provincia de Buenos Aires, respondió frente a las críticas de la vicepresidenta: «es paradójico: a los 12 años pueden ir presos, pero a los 17 no pueden leer este libro».

No es en absoluto una novela erótica y tampoco es lógico valorar la literatura desde el sentido pedagógico, pues las grandes novelas abordan tantos temas como perspectivas en el mar de libertades que la ficción permite y que no es coherente juzgar con el corsé mental de las etiquetas y los sesgos. ¿Acaso la literatura se debe ocupar del ser o del deber ser? ¿Hay realidades diarias vetadas para la ficción? ¿No podría ser ese uno de los compromisos de la literatura, denunciar esas realidades y llevarlas al extremo más doloroso o fantástico?

Pensar que la literatura es pornográfica es una idea prejuiciosa y, sobre todo, reduccionista. Es dejar de lado la verdadera esencia de esta novela, que es la pérdida, el duelo, la angustia que se vive ante la ausencia de un ser querido y el feminicidio.

Lo único cierto de todo este cuento es que la cacería de brujas y las críticas lograron justo lo contrario: promover la lectura de esta gran novela que ahora encabeza los rankings de los más vendidos. La prohibición de la novela la hizo más atractiva, disparó el interés de los lectores y, una vez más, abrió el debate sobre la libertad en la literatura. Vale la pena sumergirse en esta historia, entre otras cosas, en defensa del derecho a la lectura.

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