Con la elección de uno de los ocho candidatos que se disputan las elecciones atípicas en Bucaramanga el próximo 14 de diciembre, la capital santandereana completará cuatro alcaldes en menos de un año. El limbo se da tras la salida del cargo de Jaime Andrés Beltrán, cuya elección fue anulada por el Consejo de Estado tras incurrir en doble militancia, práctica prohibida por el artículo 2º de la Ley 1475 de 2011.
Beltrán tuvo que dejar la Alcaldía al comprobarse que respaldó candidatos al concejo del partido de la U y del Centro Democrático, colectividades distintas al partido que le dio el aval, Colombia Justa y Libres. Por ello incurrió en doble militancia, en otras palabras, incumplió las reglas de juego que se había comprometido a respetar.
Con el propósito de confundir o engañar a la opinión pública, el ahora exalcalde Beltrán ha sostenido la narrativa de que su salida del cargo tiene que ver con la supuesta condición de opositor al gobierno nacional. Nada más alejado de la realidad, primero, porque su administración ha tenido estrechos vínculos con el gobierno de Petro y segundo, porque su caso fue fallado en derecho por las autoridades competentes. La conducta de Beltrán les hace daño a los sectores opositores al gobierno de Petro, pues utiliza los justos reclamos de la ciudadanía bumanguesa en contra del gobierno nacional para ocultar la trampa en la que incurrió para elegirse.
El breve gobierno de Beltrán no deja un legado memorable, al contrario, al incumplimiento de las reglas, a los escándalos de corrupción como el robo de la chatarra denunciado por veedores ciudadanos y por el concejal Carlos Parra, debe agregarse el énfasis de Beltrán en utilizar la alcaldía como un trampolín para figurar en el escenario nacional. Está claro que el gobierno del “candado” priorizó las pantallas, los “me gusta” y el clientelismo sobre las soluciones que los bumangueses esperaban a sus problemas cotidianos.
La ciudad bonita tiene varios pendientes, entre ellos, solucionar de manera definitiva la caótica movilidad o construir una visión de progreso que trascienda los gobiernos y desarrolle las fuerzas productivas. Para eso se requiere de organizaciones y personas serias con planes y apuestas a mediano y largo plazo, y no más de los politiqueros que ven la alcaldía de Bucaramanga como un botín para saquear.
El limbo de la alcaldía de Bucaramanga no es el único. En Girón, el alcalde también salió del cargo por doble militancia. Y en Barrancabermeja, el alcalde está suspendido por participar en política y es acusado por compra de votos, mientras su cónyuge, Laura Ahumada, fue elegida candidata al senado por el Pacto Histórico.
De la ciudadanía depende cambiar esta realidad.










