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Sábado 08 de noviembre de 2025 - 01:00 AM

El campanazo de la consulta del Pacto Histórico

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Aquellos que consideran un fracaso el resultado de la consulta del Pacto Histórico están equivocados. Fue exitosa la movilización de 2.7 millones de colombianos para escoger un candidato presidencial y organizar la lista cerrada y en cremallera para el Senado y la Cámara; claro campanazo que la oposición no puede subestimar si quiere evitar otra victoria del progresismo en 2026 y, peor aún, que consigan las mayorías en el Congreso.

Es incuestionable que las consultas son un signo evidente de democracia directa y democracia interna de los partidos, mecanismo que no quieren utilizar los partidos tradicionales por el miedo que sienten de perder ese poder acaparado por años, impidiendo el surgimiento de nuevos líderes, que la consulta podría legitimar como voceros auténticos de las bases en el Congreso y, de paso, limpiar la actual mala imagen.

Con esa visión, son claros los mensajes que deja la consulta. Por un lado, la coherencia política en permitir la participación directa del ciudadano en la escogencia del candidato presidencial y el ordenamiento de las listas para el Senado y la Cámara, lo que contrasta con la práctica del “dedo” empleada por los partidos tradicionales; por otro, la disciplina de sus seguidores y el castigo que aplicaron en las urnas a quienes ignoraron el mandato popular otorgado con su elección anterior, como le ocurrió a algunos del Pacto Histórico que participaron en la consulta.

Son enseñanzas que deben tener en cuenta los partidos tradicionales ahora que buscan conformar las listas para el Senado y la Cámara. Es necesario oír a las bases, de lo contrario, continuará el fraccionamiento de los mismos y surgirán nuevos Movimientos Significativos de Ciudadanos, hecho que los va a debilitar más y a obligar al elector a buscar la agrupación que los escuche y prioricen la resolución de los problemas de la gente por encima de los intereses propios y de las élites; prueba de ello fueron los 1.500 movimientos que participaron en las elecciones territoriales por fuera de los partidos.

Ahora bien, ante la situación actual, si la oposición quiere impedir que el progresismo se reelija, el camino no es con fundamentalismos. Al contrario, es esencial buscar la unidad con un candidato idóneo, con experiencia y transparencia, consensuado entre el centenar que ambiciona. Beneplácito que debe abarcar una agenda común, audaz, atractiva, que ofrezca una alternativa real de poder legítimo que contrarreste con el cambio quimérico prometido y tan esquivo en este gobierno.

Por lo tanto, es hora de buscar ese candidato único y mostrar las propuestas, las estrategias concretas y evidentes de cómo reorientar el país en lo económico, en lo social, en seguridad, en cómo combatir la corrupción, sino no queremos estar como Venezuela.

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