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Columnistas
Sábado 08 de noviembre de 2025 - 01:00 AM

Indiferencia

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El crecimiento de las ciudades genera el desarrollo de nuevos espacios y la migración de actividades, con el consecuente abandono de ciertas zonas que tradicionalmente las acogían. El comercio busca acercarse a desarrollos habitacionales modernos, cuando el suelo aún tiene precios moderados y progresivamente se van consolidando clientelas de proximidad. Eso podría considerarse normal en un proceso de expansión urbana. Sin embargo, los centros urbanos regularmente se mantienen en las grandes ciudades porque los edificios públicos, patrimoniales o religiosos no migran. Por eso el centro siempre será centro y algunas actividades comerciales o profesionales siempre gravitaran en su entorno.

Desde hace años recorrer el centro de Bucaramanga está lejos de ser una experiencia ciudadana agradable. La actividad comercial se mantiene y es intensa, pero no es ordenada ni es la más cómoda. Se vende si, porque el flujo de personas y vehículos así lo indica, pero el desaseo, el desorden del tránsito, la indigencia y la informalidad avanzan y parece que no lo asumimos como un problema público urgente, porque es indiferente para los que ya no vamos al centro. Y al llegar la noche el panorama es casi aterrador y los que aun lo transitan tienen que salir corriendo.

Si bien el proyecto “centro caminable” que remodeló algunas calles del entorno institucional generó una chispa de resurgir, es necesaria su continuidad y expansión, no solamente para caminar, sino para recuperar las condiciones urbanas que permitan orden, aseo y seguridad en el espacio público, oferta de servicios institucionales con mayor comodidad y seguridad, servicios bancarios y el comercio organizado y que la arquitectura urbana pueda recuperar su esplendor. Incluso podríamos soñar con un centro nocturno mucho mas activo, con parqueaderos y locales disponibles, pero esos servicios gastronómicos o de diversión se ubican en zonas residenciales y olvidan el centro como opción porque lo ven inseguro, sucio, feo y oscuro.

Lamentablemente, la decisión de recuperar el centro parece ser una ilusión de pocos y la gran mayoría observa con marcada indiferencia el deterioro progresivo que supera los pequeños avances, con el altísimo riesgo de desactivar la actividad cultural que con mucho esfuerzo han logrado el Teatro Santander y la Casa del Libro Total. Tal vez un programa de incentivos tributarios para comerciantes, la garantía de seguridad y orden en un ejercicio compartido con policía, cámaras y vigilancia privada, la continuidad de la remodelación urbana incluyendo San Mateo, mantenimiento de parques y separadores y la presencia de actividades culturales en espacio público, podrían eliminar esa profunda indiferencia. Hay diseños base para revisar en un trabajo colectivo, ojalá lidereado desde el sector privado, aprovechando que varios gremios aun tienen su sede en este sector y que su aporte y compromiso seria motivador.

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