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Domingo 09 de noviembre de 2025 - 01:00 AM

“No debimos haber jugado”: Arnoldo Iguarán

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Nadie imaginó que aquel 6 de noviembre de 1985 se iba a convertir en uno de los días más oscuros en la historia de nuestro país. A eso de las 10:30 de la mañana, lluviosa por demás, un comando de guerrilleros del M-19 ingresó disparando al Palacio de Justicia y se iniciaba así una cruenta toma que duró por espacio de muchas horas, hasta la retoma por parte del Ejército colombiano, porque como lo dijo el coronel Alfonso Plazas Vega cuando lo entrevistaron mientras arreciaba la balacera: “aquí defendiendo la democracia, maestro”.

Todo esto ocurría en medio del clamor del doctor Alfonso Reyes Echandía, presidente de la Corte Suprema de Justicia, quien le imploraba al mandatario de los colombianos Belisario Betancur Cuartas a través de la radio, que cesara el fuego porque la situación era dramática en el sagrado recinto del poder judicial y de la administración de justicia. Nadie le pasó al teléfono, porque en ese momento Belisario pensaba en cómo sacar del palacio a su hermano Jaime y a Clara Forero, esposa de su ministro de gobierno Jaime Castro. Entre otras cosas, recuerdo a Jaime Castro porque cuando ejerció el cargo de presidente de la Dimayor, culpó a los hinchas del Atlético Bucaramanga de la masacre ocurrida el 11 de octubre de 1981 en el estadio Alfonso López. En aquella época sancionaron la plaza, multaron al Bucaramanga y el equipo terminó jugando como local en el escenario de Villaconcha en Piedecuesta y con un uniforme de medio luto: camiseta blanca y pantaloneta negra.

Mientras los balazos atravesaban la Plaza de Bolívar, los tanques cascabel ingresaban al palacio y el caos reinaba en todos lados, el presidente Betancur le dijo a Fernando Barrero Cháves, director de Inravisión, lo siguiente: “procuren la normalidad”. Nunca se supo qué quiso decir el gobernante o qué fue lo que entendieron estos genios que dirigían los medios de comunicación públicos de nuestro país, ya que a los pocos minutos apareció en escena la ministra Marta Noemí del Espíritu Santo Sanín Posada, mientras el palacio estaba en llamas. La dama antioqueña, quien por aquel nefasto suceso tenía 36 años recién cumplidos y seguramente iluminada por el Espíritu Santo, decidió -así lo siga negando 40 años después- transmitir el partido de fútbol entre Millonarios y Unión Magdalena, con el que se iniciaba el torneo octogonal de ese año. ¡Atlético Bucaramanga era uno de los clasificados!

Este miércoles se jugaba la primera fecha del todos contra todos y el campeonato prometía estar muy disputado, ya que había buenas nóminas, alimentadas con dineros del narcotráfico y con grandes equipos tales como el América, el Deportivo Cali, Junior, Nacional, Medellín y los arriba mencionados. Doña ‘Noemicita’ -como le dijo alguna vez Edgar Perea- estaba de buenas. Precisamente esa noche, se iniciaban las finales del fútbol colombiano y, después de un par de llamadas, alistaron las luces, las cámaras, y los equipos entraron en acción. Obligaron a los oncenos criollos a jugar una fecha a pesar de que “el olor a humo llegaba hasta El Campín, los disparos y los cañonazos se escuchaban a lo lejos y uno no sabía qué podía pasar. ¡No debimos haber jugado!”, me confesó hace dos días el delantero guajiro Arnoldo Iguarán. Sentí su miedo a través del teléfono; ‘el guájaro’ recordó el horror de aquel episodio sangriento y me dijo con resignación: “nos tocaba obedecer”.

Casi todos los de Mi Generación, canción del maestro Andrés Cepeda, vimos cómo: “se tomaron la embajada, se tomaron el palacio, yo lo vi en televisión”. Agregamos que vimos en la pantalla chica un partido de fútbol en medio de semejante tragedia. A los pocos días, llegó la avalancha que desapareció al municipio de Armero y, acto seguido, se transmitió el Reinado Nacional de la Belleza desde Cartagena. Alguien diría: “la vida continúa”; para los gobiernos de turno les cae la frase de: “jueguen muchachos”, que la pelota ruede, que siga la fiesta, no importa que pateemos un balón y bailemos encima de nuestros muertos. A la memoria de los fallecidos en el Palacio de Justicia.

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