Belisario Betancur Cuartas murió el 7 de diciembre de 2018. Desde entonces su trayectoria como hombre público, sus actuaciones y ejecutorias son objeto de análisis histórico. ¿Qué huella resalta? ¿Acaso la del abogado, catedrático, humanista, escritor que fue? No. ¿Su origen humilde y el haberse hecho con esfuerzo y sacrificios? No. ¿El haber obtenido varios doctorados honoris causa? No. ¿El haber intentado, desde la Presidencia, acuerdos de paz con las Farc, el EPL y el M-19? No. ¿Entonces?....
Su caso, como el de José Manuel Marroquín, permanece en la memoria colectiva por un hecho histórico que ocurrió durante su ejercicio de la presidencia y doblegó al país. A Marroquín no se le recuerda por ser escritor y gramático, sino por la separación de Panamá. De Belisario queda su proceder gris, brumoso de esos 6 y 7 de noviembre de 1985, sus omisiones e inacción cuando un comando del M-19 asaltó el Palacio de Justicia y se desató uno de los episodios más amargos del siglo XX en Colombia. Ante ello su comportamiento como gobernante fue nefasto. Durante decenas de años soñó pasar a la historia como el portador de un ramo de olivo, pero de él resaltan dos días de humo y cenizas.
Belisario no tuvo entereza para decirle al país, en ese noviembre de 1985, o bien después en Memorias que hubiera dejado (el que tanto escribió), que esos días fue aislado y marginado por quienes entonces detentaban el mando del estamento militar y el Palacio de Justicia terminó siendo una “ratonera” en la que fueron sacrificados cerca de cien justos y se hirió de muerte a una de las tres ramas del Poder Público.
Calló. Años después, siendo expresidente, en interrogatorio hecho por jueces, expresó estupideces al ser preguntado sobre cómo se había enterado del incendio en el Palacio de Justicia pues contestó que por una ventana de la Casa de Nariño había visto “iluminacioncitas” y un funcionario le dijo que era por el incendio en el Palacio de Justicia; cuando fue interrogado sobre cómo se había enterado de los sucesos en el Palacio de Justicia, contestó: “yo tenía un radiecito de pilas”. ¡Eso dicho por quién era Presidente de la República y estaba a dos cuadras del teatro de tan aterrador holocausto!
Belisario, luego del funesto noviembre de 1985, vivió 33 años y calló ante la historia. Hoy, cuarenta años después de aquel holocausto, Colombia sigue buscando la huella de los desaparecidos, rehaciendo un centenar de familias destrozadas y una de las tres ramas del Poder Público de nuestro Estado de Derecho al caminar deja rastros de humo y cenizas.












