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Lunes 17 de noviembre de 2025 - 01:00 AM

Las vías que nos aíslan

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Ante el grave deslizamiento que afecta la transversal del Carare, el ingeniero Jaime Suárez Díaz ha revelado un estudio geotécnico que muestra la magnitud de un problema que podría repetirse en al menos diez puntos adicionales en su longitud. La advertencia es inequívoca: la vía se construyó sobre terrenos enteramente inestables, fruto de una falta de previsión que hoy exige optar por una variante fuera de esta zona crítica.

Lo ocurrido en el sector Vélez–Landázuri confirma la fragilidad que padecen los principales ejes viales de Santander. La ruta a Bogotá o las conexiones con Barrancabermeja y Málaga también comparten un mismo origen: corredores definidos con criterios propios del siglo XIX y comienzos del XX, cuando la inclinación del terreno dictaba su desarrollo. Es célebre la anécdota según la cual el trazado se establecía siguiendo el andar de un burro que, a su paso, marcaba la futura carretera. Esa herencia improvisada continúa determinando nuestra vulnerabilidad.

Tras décadas de recursos malgastados en la vía a Barrancabermeja, por fin se entendió la necesidad de replantear su recorrido, y ahora se avanza hacia una conexión más estable. Queda pendiente el tramo UF8 Portugal–Lisboa, aún sujeto a litigio, cuyo desenlace implicará la adopción de una variante por parte del concesionario o de la Agencia Nacional de Infraestructura.

En la ruta Bucaramanga–Bogotá, además de los carriles de adelantamiento, de la construcción de la doble calzada Curos-Piedecuesta y de la conclusión de la variante de San Gil, resulta indispensable acometer un corredor alterno entre Confines y Barbosa que permita sortear más de cien puntos con riesgo potencial de deslizamiento.

Las condiciones geológicas y topográficas de nuestra cordillera demandan inversiones de envergadura. Insistir en reparcheos o en el permanente retiro de derrumbes prolonga un modelo agotado que ha convertido las vías ―llamadas a integrarnos― en auténticas barreras que nos aíslan. No habrá soluciones definitivas sin estudios serios, túneles y viaductos que garanticen estabilidad a largo plazo.

El desentendimiento del Gobierno nacional y el deterioro técnico del Invías —institución capturada por la politiquería— obligan al departamento a asumir su propio futuro: conformar un cuerpo asesor que establezca riesgos y determine especificaciones y contratar, bajo criterios modernos, los diseños de variantes en las vías a Bogotá, Barrancabermeja, Málaga y la conectante a Cúcuta. Solo así se podrá articular un frente unido para reclamar los cuantiosos recursos que eviten la desconexión progresiva de nuestro territorio. Con urgencia, se precisa privilegiar la visión especializada y dejar de lado intereses menores que por años han postergado el desarrollo vial de Santander.

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