Una ciudad que ofrece quince metros cuadrados de espacio público por habitante, que trata el ciento por ciento de sus aguas residuales y es capaz de separar el treinta por ciento de los residuos sólidos que se producen, con tres corredores verdes para el disfrute del ocio, práctica de deportes o avistamiento de aves, zonas de alto riesgo intervenidas con soluciones basadas en la misma naturaleza, el diez por ciento de nuevas edificaciones y equipamiento urbano desarrollados con diseños de construcción sostenible y la incorporación de estrategias de cultura ciudadana alineadas para estimular el reciclaje, el uso del transporte público y el cuidado del mobiliario.
Suena bien ¿no? pues esa es parte de la Bucaramanga soñada a 2034, la mayoría de líneas están escritas en el Plan de Desarrollo vigente, otras son añadidas de mi autoría, pero en esencia, de eso hablamos cada que se repiten elecciones municipales, en un continuo déjà vu que nos devuelve en el tiempo. Cómo no pensar en esa ciudad del primer párrafo, pero ¿cuánta responsabilidad nos cabe como ciudadanos para ayudar a concretar todas esas maravillas?
Los candidatos a suceder a Jaime Andrés Beltrán reparten su tiempo de campaña atendiendo decenas de invitaciones a foros o debates que buscan, primordialmente, que los ciudadanos se hagan un concepto sobre quienes han puesto su nombre como alternativa para liderar lo que resta del cuatrienio, justo en la mitad del periodo. Algo así como un ‘segundo tiempo’ definitivo para las aspiraciones de una capital de departamento que nos enorgullece pero que también nos preocupa.

Esta semana asistimos a un evento tal cual, convocado por la Fundación Participar, invitación atendida por siete de los ochos aspirantes, en donde se tocaron temas diversos sobre el presente y futuro de Bucaramanga. En medio del extenso encuentro, de casi cuatro horas, hallé la afirmación más sensata entre todas las respuestas dadas: “dos años son suficientes si se sabe a quién se la va a entregar la ciudad”. No hay lugar a dudas y, así suene a pleonasmo, hay que empezar por el principio: elegir con un voto informado.
Por eso esta clase de espacios resultan vitales, así a un comentarista espontáneo de las redes sociales le parezca que “no sirven para un culo”, pienso todo lo contrario, entre más posibilidades tenga el ciudadano de tener contacto directo con los postulados la conversación con el vecino se enriquece, no podemos dejarle esa responsabilidad al algoritmo del X, Instagram o Facebook. El próximo domingo 30, a las ocho de la noche, la UNAB, Vanguardia y TRO haremos el gran debate, con asistencia de público al Auditorio Mayor de la universidad, transmisión en vivo por el canal regional y las plataformas de este periódico.












