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Martes 25 de noviembre de 2025 - 01:00 AM

Necesitamos un proyecto de ciudad para superar la crisis

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Estimado lector, al cerrar esta columna le invito a tomarse cinco minutos para imaginar su ciudad ideal. Piense en los cambios que implementaría si tuviera el poder de hacerlo: cómo reorganizaría su barrio, qué transformaciones impulsaría para mejorar la vida de su familia y qué decisiones tomaría para hacer de su ciudad un territorio más justo, sostenible y funcional. La construcción del territorio nace en el individuo y se consolida desde lo colectivo.

El punto de partida para diseñar un proyecto de ciudad es la voluntad política y social de articular una narrativa estratégica, capaz de alinear a actores públicos, privados, sociales y académicos bajo un mismo entendimiento: ordenar el pensamiento para ordenar el territorio. Esto implica construir una propuesta de valor urbana que priorice dimensiones como equidad, sostenibilidad, movilidad, competitividad y habitabilidad.

Para lograr esto, el proceso exige un método que inicia con un diagnóstico estratégico que no se limita a describir problemas, sino que caracterice capacidades, riesgos y potencialidades. Ese diagnóstico debe integrar un análisis multidimensional e interjurisdiccional; revisar en detalle el marco normativo de los instrumentos de ordenamiento, gestión y desarrollo; mapear actores y sus intereses; identificar brechas críticas; y realizar un benchmarking urbano que permita aprender de experiencias exitosas en otras latitudes.

Esta hoja de ruta conceptual debe traducirse en un marco normativo, espacial y financiero, definiendo capacidades institucionales, relaciones y redes de poder, pues sin definir un modelo de gobernanza cualquier plan se convierte en una aspiración sin capacidad de ejecución, y un modelo de ocupación urbano-regional (metropolitano) que establezca modelos de habitabilidad con base en la movilidad y sistemas ambientales, siendo la planificación territorial la columna vertebral del proyecto mediante la integración y analítica de datos, la implementación del catastro multipropósito y un modelo que dé viabilidad económica al mismo.

Ahora, cuando la comunidad participa de manera activa desde el inicio del proceso, su implementación y cumplimiento está garantizado. La consolidación de un verdadero proyecto de ciudad exige un programa de ejecución por fases, una comunicación estratégica que genere legitimidad y confianza, y mecanismos de evaluación periódica que permitan realizar ajustes con base en los objetivos alcanzados, la evidencia de transformaciones institucionales y los indicadores de desempeño.

Las ciudades son sistemas complejos que requieren ideas capaces de trascender a los individuos y a los gobiernos de turno para garantizar continuidad y propósito en el tiempo. En Bucaramanga, no podemos seguir improvisando. Es imperativo superar la crisis institucional que dejan las elecciones atípicas y la consecuente pérdida de confianza ciudadana mediante un proyecto de ciudad con visión de mediano y largo aliento que nos permita dejar de reaccionar y empezar a dirigir nuestro futuro.

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