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Columnistas
Sábado 13 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

María Corina: coraje y valentía que trasciende fronteras

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Lo que ocurrió esta semana en Oslo no fue solo la entrega del Premio Nobel de la Paz. Fue un mensaje al mundo: la confirmación de que la determinación puede más que el miedo y una declaración sobre lo que significa amar a un país y seguir apostando por él, aun asumiendo riesgos personales.

El discurso que escuchó el mundo desde el escenario del Nobel sintetizó, quizá mejor que nunca, el sentido de la lucha venezolana. Cuando Ana Corina Sosa relató que su madre llevaba meses sin poder abrazar ni tocar a nadie, y que finalmente pudo hacerlo con su familia en pocas horas, quedó expuesta una verdad que suele perderse en la discusión política: la resistencia no se libra solo con consignas. Ese tiempo lejos de sus seres queridos por motivos de seguridad y clandestinidad demuestra que su liderazgo no se sostiene en palabras, sino en la coherencia con sus acciones.

El mensaje tiene un significado aún más profundo: la libertad no se espera, se construye todos los días. Es una crítica directa al gobierno, pero también a quienes permitieron que las instituciones perdieran su rumbo. Recordó que incluso las democracias más sólidas se debilitan cuando se olvida lo esencial, y que mantener la libertad requiere compromiso diario, esfuerzo colectivo y decisión ética.

Otro punto central fue la dedicatoria del premio a los millones de venezolanos que arriesgaron sus hogares “por amor a la libertad”, junto con un mensaje de esperanza: que pronto el mundo será testigo del regreso de quienes se fueron y de la posibilidad de reconstruir su país. Este reconocimiento demuestra que quienes emigraron siguen siendo parte esencial del proyecto democrático, amplía la idea de ciudadanía y recuerda que la identidad nacional va más allá de sus fronteras. En este sentido, la llegada de María Corina a Oslo representa esa promesa: un gesto de coraje, convicción y amor que inspira a mantener viva la lucha por recuperar lo perdido.

Sin duda, este Nobel invita al mundo a mirar a Venezuela como un ejemplo: un país que frente a la adversidad demuestra cómo se lucha de verdad por lo que se quiere, cómo se defiende la libertad y cómo la esperanza nunca se pierde. Una nación que alguna vez fue próspera, que construyó una de las democracias más estables de América Latina y que hoy trabaja por reencontrarse consigo misma.

La travesía de Venezuela a Oslo, más que un viaje, fue un símbolo. Una demostración de que ni la persecución ni el exilio logran apagar un liderazgo arraigado en convicción. Y una señal para el mundo de que Venezuela no solo resiste, sino que se prepara para renacer.

Adenda: Mañana Bucaramanga elegirá nuevamente a su alcalde, una decisión crucial para el futuro de la ciudad. En un momento que exige claridad y serenidad, es fundamental votar con responsabilidad, pensando en el rumbo que queremos y en la necesidad de asegurar estabilidad y crecimiento. Quedarse en casa no es una opción ¡salgamos a votar!

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