Este domingo se elige al reemplazo de Jaime Beltrán quien salió del cargo tras incurrir en doble militancia. El próximo alcalde gobernará por dos años y con el plan de desarrollo de la actual administración.
El presupuesto de la alcaldía para el año 2026 es de $2.2 billones de pesos, 20 % superior al de 2025, y muy por encima de lo que crecen los ingresos de los contribuyentes. Los ocho candidatos hacen propuestas sin reparar en que Bucaramanga es la ciudad con el mayor aumento en el costo de vida y que el desempleo se reduce gracias a la informalidad. Vale preguntarse, ¿Pueden los bumangueses darse el lujo de tener una administración municipal que les cuesta cada vez más, pero que les resuelve cada vez menos?
La campaña ha demostrado un retroceso en el debate público. Las visiones sobre el modelo de ciudad y los debates sobre desarrollo productivo, seguridad y movilidad han sido relegados por las acusaciones entre los favoritos alrededor de clientelismo y corrupción de una u otra campaña. Las propuestas de los candidatos parecen más una lluvia de ideas que una visión estructurada para salir del ciclo de retroceso y desgobierno por el que atraviesa la ciudad.

La elección del domingo quedó reducida a cuál será el grupo político que ordeñará la administración municipal durante los próximos meses. Según las encuestas, la disputa está entre la maquinaria del exalcalde Beltrán en cabeza del candidato Cristian Portilla y la del gobernador de Santander, Juvenal Díaz, en cabeza del candidato Carlos Bueno.
Los demás candidatos compiten bajo el nombre de partidos que lejos de representar ideologías se reducen a ser expendios de avales sin representar programas serios. Ninguna campaña formula una crítica estructural a lo que viene sucediendo en Bucaramanga, que se suma a las secuelas de las políticas del Gobierno de Petro como la energética, con lo que resulta difícil corregir el rumbo.
No sorprende que una gran parte del electorado bumangués este huérfano de candidato, ya que el debate electoral se ha degradado hasta convertirse en una rapiña de politiqueros que pregonan las mismas recetas fracasadas que han llevado a la ciudad por la senda del atraso y el saqueo.
Pese al desgobierno, Bucaramanga sigue siendo una ciudad pujante, pero no gracias a sus últimas administraciones, sino a pesar de ellas. Este domingo, no hay sólo ocho casillas para los electores. El voto en blanco es una digna opción que expresa una protesta en contra de las candidaturas que llueven sobre mojado sin comprometerse con soluciones de fondo, mientras al tiempo, apunta a construir una opción que represente un auténtico proyecto de cambio y progreso para la ciudad bonita.











