¿Cómo van las cosas en el Polo Norte? Te cuento que por acá, en Bucaramanga, hoy 14 de diciembre tenemos elecciones atípicas a la Alcaldía. Y es precisamente esta la razón por la cual me tomo el atrevimiento de escribirte esta carta de manera pública en Vanguardia. Entenderás que debo tomar precauciones en caso de que el regalo que estoy por pedirte no llegue y luego, desde tu fábrica de regalos, me respondan que mi correo rebotó y que “de malas”, como sucedió con Francia Márquez.
Aquí queda impresa, fechada, sellada y con lectoría masiva. Nadie podrá salir después con el cuento de que “la carta no fue escrita”. ¿Estamos?
Hago solicitud de adelanto de regalo hoy, a diez días de Navidad, y con envío exprés a Bucaramanga antes de las 4 p. m. Si bien mucha gente leerá esta carta en horas de la mañana o incluso en la tarde, dejo constancia de que la envié a redacción ayer y que, desde la 1 a. m. de hoy —momento en que se publica en el portal web— se repartía debajo de las puertas de miles de suscriptores.
Quiero que la alcaldía la gane un tipo —porque no hubo mujeres candidatas— que le pase el teléfono a los amigos. Alguien que conozca la ciudad de verdad, que chupe trancón como los ciudadanos, que no viva escoltado. Que no se le suba tanto el cargo a la cabeza que nunca vuelva a caminar por las calles y olvide lo que se siente andar mirando para todos lados, bien “trucha”, porque en cualquier momento lo atracan.
Que de vez en cuando se aventure, como miles de bumangueses, a caminar en las noches a pesar de la oscuridad en que están muchas calles. Hace unas noches tuve que unirme a un amable cardumen de runners (personas que salen a correr en grupo) en el barrio La Victoria, y me llevaron cinco cuadras adelante en plena oscuridad.
Quiero que el alcalde que llegue sea normal. Que vaya al estadio pero que no se cargue un séquito de asistentes para que lo graben durante el partido y luego subir a redes el pedacito donde celebra el gol o come boje. Me gustaría que el próximo alcalde fuera a cualquier parque de la ciudad y vea que, en realidad, están feos, llenos de maleza y, como los llenaron de cemento y gimnasios, ya uno no puede ni tirarle la pelota al perro.
Que coma en la plaza de mercado y se dé cuenta de que esa cantidad de chulos es porque la gente bota todo a la calle y toca hacer algo al respecto.
Que no se haga saludar en las tarimas de la Feria Bonita. Nada de “un saludo para el excelentísimo alcalde y la primera dama”… nada de eso, por favor. Te lo pido. Que a sus funcionarios no les toque decirle “jefecito”, “doctor”, ni hacer una vaca costosísima para darle un regalo de cumpleaños, a pesar de que será el más pudiente de toda la administración.
Como ves, no pido mucho, pero significa mucho para mí. Son cosas simples. De lo demás, ya habrás conocido bastante.
Ah, y que no sea corrupto. Listo, no más.











