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Columnistas
Martes 16 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

¿Un estorbo en Bucaramanga? Las ciclorrutas

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Si bien jurídicamente nacieron con un Acuerdo Metropolitano de 2018, en Bucaramanga, en los últimos 25 años, el debate en torno a ellas ha sido complejo y polémico. Un sector de sus habitantes, cada vez más numeroso, argumenta que ellas aumentan la congestión, su diseño es antiestético, están abandonadas, se usan para todo menos para lo que se deben utilizar, son un inmenso estorbo urbano, etc.

Yo, como habitante de Bucaramanga, formo parte de aquellos que luego de 7 años de convivir con ellas, las rechazan para nuestra ciudad. ¿Por qué? Por un inmenso número de razones, empezando porque la ciudad está asentada en una ladera de la cordillera que es inclinada, pendiente, su temperatura es alta y sus vías son muy estrechas. Además, sobresale:

Ellas -por su diseño- son trampas humanas, generan inmensa congestión vehicular en corredores viales vitales, causan daño económico a muchos empresarios y dueños de predios, se han convertido en cómplices de delincuentes, afean la ciudad, su diseño es antiestético, no han fomentado el uso de la bicicleta, propician la incultura ciudadana, castigan a la mayoría de los bumangueses, solo favorecen a una ínfima minoría, su uso efectivo es casi marginal, están abandonadas y mantenerlas, señalizarlas, vigilarlas, implica una inversión dineraria muy alta, en Bucaramanga cada día hay más adultos mayores y ellas son peligrosas trampas para tal segmento de la población, generan accidentes y conflictos viales, castigan el desarrollo económico citadino, se creyó que eran un avance y han sido un retroceso, deterioran la movilidad, han hecho que los desplazamientos por la ciudad sean más lentos, más estresados, menos amables, hacen que la ciudad sea cada día menos funcional, son asiento de vendedores informales, mutaron en parqueadero de motocicletas y botadero de basuras, han fomentado la incultura ciudadana, entre otras muchas manchas y máculas que tienen.

En Bucaramanga es urgente recuperar la malla vial, solucionar el gigantesco problema que es el transporte público urbano, actualizar y sincronizar la red de semáforos, poner orden al parque automotor, solucionar ese grave problema de circulación que son las motocicletas. Ante lo anterior dedicar dinero, tiempo y esfuerzo en hacerle mantenimiento a las ciclorrutas no se le ocurre ni a Simón el bobito. Y en ese dilema estamos pues tal estorbo que afea a la ciudad, exige mantenimiento y destinar dinero público a ello es malgastarlo.

Corolario: Es un sofisma, un razonamiento que hace ver como veraz lo que no lo es, el afirmar que normas de Derecho Público impiden eliminar de la geografía bumanguesa las ciclorrutas.

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