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Miércoles 24 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

¿Cuál identidad? ¿Cuál memoria?

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¿A los cuántos años de edad una persona empieza preguntarse por la memoria y la identidad? Cuando somos niños, fácilmente asimilamos algún dato que los adultos nos regalan sobre el mundo que nos rodea. Nuestros mayores nos cuentan algo que pasó en una calle cercana de nuestra casa, en una plaza, en un edificio; cómo se llama el parque que visitamos y alguno de sus monumentos. Algo de eso se queda con nosotros; algo más se olvida. Y al final, la costumbre y la repetición toman posesión sobre nuestras expectativas de lo que fue y lo que será… Entonces, la memoria y la identidad tienden a convertirse en un desgastado accesorio cultural.

Sentirse parte de algo es un proceso donde la identidad surge de un vínculo emocional. La afinidad que desarrollamos con ciertos temas, costumbres y estilos, se remonta a hallar algo o alguien cuyas cualidades resuenan en nuestro interior, dándonos la impresión de habernos encontrado con una parte significativa de nosotros mismos, en medio de desconocidos. Desconocidos con quienes ahora tenemos un mundo en común. La identidad es un fenómeno cuyo efecto es simultáneamente individual y colectivo.

Memoria e identidad son aspectos abstractos y concretos al mismo tiempo: las personas encarnan la identidad a partir de un acontecimiento que tuvo lugar en la historia y sobre el cual existe un referente que testifica y perpetua su memoria. Memoria e identidad son emblemas que se transforman, cambian de significado, de valor y en muchos casos, cuando parecen desaparecer, se renuevan siendo adaptados a las nuevas generaciones. Memoria e identidad no son determinantes pasivos e inalterables de la cultura y la sociedad, sino componentes dinámicos, diversos e inacabados.

Hay quienes no comparten los rasgos de identidad que les atribuyen, otros son ajenos y apáticos a la memoria. Afortunadamente, hay quienes preservan la memoria de aquellos que se destacaron y enaltecieron a su ciudad y a su país con su trabajo. Bucaramanga, por ejemplo, vio nacer a uno de los más grandes poetas de Colombia. Hoy, aunque muchos desconocen su obra literaria, su nombre está en una escultura, en un colegio y hasta en un pasaje comercial en el centro de la ciudad: Aurelio Martínez Mutis.

Justamente, alguien de las generaciones actuales revive su legado a través de la crónica periodística El gran aedo bumangués. Su autora, la comunicadora social Ángela Corredor Quintero, ganadora del estímulo Cree en tu talento 2025 del IMCT, se motivó a investigar sobre este personaje, al que un busto le rinde homenaje en el separador de la calle 36 con carrera 11, sobre el que quizá niños y adultos se han preguntado quién es, mientras que otros han pasado de largo sin notarlo.

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