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Sábado 27 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

Nostalgias de la Navidad y el año nuevo

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Al publicar esta columna, ya ha transcurrido la Navidad. Por lo tanto, y por respeto al lector, hice una pausa en mis peroratas semanales, para evocar algunas tradiciones regionales que están desapareciendo en detrimento de la cultura identitaria del santandereano, rescatables para las generaciones venideras.

La Navidad sigue vinculada al dogma de la Inmaculada Concepción y al nacimiento de Jesucristo, emoción que los jóvenes no perciben con la mismo fervor de antaño. Y aunque perdura la unidad familiar en torno al pesebre y la novena de aguinaldos, ya no se llevan a cabo juegos navideños tradicionales como: “Sí y no”, “Dar y no recibir”, “Pajita en boca”, “Hablar y no responder”, pero a su manera, por WhatsApp, juegan a no usar emojis a no responder con audios, en imitación de aquellos, utilizando también, para ello, las plataformas de TikTok e Instagram, para estar “in”, “en plan” o “mood”.

Y más por entretenimiento que por creencia, acompañan a los adultos a rituales como el consumo de doce uvas con deseos mensuales, el uso de lentejas para conseguir riqueza y prosperidad; la puesta de ropa interior de colores específicos para atraer amor o rotar la manzana con una maleta para atraer viajes, entre tantos que se inventan.

En los pueblos y en barriadas de las ciudades incineran el año viejo (muñeco hecho de ropa, paja, aserrín, cartón, al que le agregan pólvora para que generara estruendo), lo que simbolizaba la ruptura definitiva con el pasado, acto acompañado de sátiras políticas y sociales, dirigidas a políticos o personajes menos estimados, o errores de los gobernantes locales. Hoy, por motivos de seguridad, se lleva a cabo en algunos conjuntos residenciales.

Además, en ciertos lugares se mantiene la costumbre de adornar las calles con papeles de diversos colores. Vías que eran cerradas los días 24 y 31 para permitir que la comunidad bailara hasta el amanecer al ritmo del “Picó” de antaño, hoy con equipos de sonido avanzados o con conjuntos musicales que son contratados mediante una “vaca” o colectas comunitarias, cuyo esfuerzo les proporciona un sentido de pertenencia. Hoy en desuso por la prohibición del Código de Policía y para prevenir riñas producto del alicoramiento desmedido. La fiesta de los barrios ha sido el mejor símbolo de lo que son realmente los espacios de paz.

Y cómo olvidar los famosos “matachines” que se empleaban para el deleite de los infantes. Es común esta actividad en municipios como Capitanejo, Málaga, Concepción, La Cumbre en Floridablanca, Piedecuesta y algunos barrios del norte y occidente de Bucaramanga. Toda esa tradición cultural hay que rescatarla.

A los estimados lectores, mi deseo es que el nuevo año les brinde salud, seguridad, bienestar y prosperidad para toda su familia.

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