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Sábado 27 de diciembre de 2025 - 01:00 AM

Por un 2026 donde la vida sea prioridad

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Colombia cierra 2025 con un balance que nos invita a reflexionar. Mientras el país se prepara para despedir el año y dar la bienvenida a uno nuevo, las cifras de violencia reveladas hace pocos días por el Centro de Paz y Seguridad de la Universidad Externado y el ministerio de Defensa muestran una realidad preocupante que no puede pasarse por alto. No se trata de hechos aislados, sino de una tendencia que evidencia un deterioro constante de la seguridad y de la convivencia ciudadana.

De acuerdo con el informe, 2025 se perfila como el año más violento de la última década. En los primeros once meses se registraron 12.484 asesinatos, superando las cifras del año anterior y alejándose de las expectativas de una reducción. Los datos son contundentes: la violencia no disminuye, se mantiene y de manera preocupante se ha normalizado en la vida diaria de millones de colombianos. La gravedad no solo está en la cantidad, sino en la frecuencia y la constancia de estos hechos, que revelan un país que enfrenta desafíos estructurales.

Este panorama es aún más preocupante, porque la violencia no proviene únicamente de actores armados, sino también de dinámicas urbanas que cobran vidas a diario. El sicariato, las disputas por el microtráfico y los actos de intolerancia como riñas, conflictos entre conocidos o peleas bajo los efectos del alcohol o las drogas, reflejan una sociedad que ha perdido la capacidad de resolver conflictos de manera pacífica, convirtiéndose en un problema transversal que afecta a diversas comunidades y contextos.

El dato de los homicidios de la Nochebuena condensa esta tragedia de manera simbólica y dolorosa. Apenas hace tres días, el país registró 48 homicidios en una sola jornada. Mientras muchas familias compartían la mesa y celebraban, otras recibieron la noticia más devastadora. Esa cifra no es solo un número: representa vidas, familias destrozadas y comunidades que ven con impotencia cómo se pierde la seguridad en un día que debería ser de unión y esperanza.

Detrás de cada número hay una historia interrumpida, un proyecto de vida que no continuará, una familia que entra al nuevo año con duelo. Normalizar estas estadísticas sería el riesgo más grave: no podemos aceptar que esta situación se repita año tras año.

Por eso, a las puertas de 2026, el deseo no puede limitarse a un simple “feliz año”. El país necesita más cultura ciudadana, más respeto por la vida y más capacidad de convivencia. Requiere estrategias integrales que combinen decisiones firmes con políticas públicas efectivas, enfocadas en prevenir tanto la violencia armada como la cotidiana, aquella que se vive en calles, barrios y hogares.

Que el nuevo año traiga la esperanza de un cambio real, uno que depende tanto del Gobierno como de la ciudadanía, porque ningún país puede construir futuro si no protege la vida y asume la responsabilidad de cuidarla.

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