Este nuevo año no es solo cambiar de calendario. Es un ejercicio de lectura del tiempo (más allá del 2025): entender de dónde venimos, reconocer qué nos transformó y atrevernos a gestionar, con criterio, hacia dónde queremos ir.
Venimos de una pandemia que no solo impactó la salud pública, sino que sacudió y reorganizó el mundo en lo geopolítico, lo comercial y lo social. Cambió cadenas de valor, aceleró procesos tecnológicos y redefinió prioridades. Colombia, como el resto del planeta, fue parte de ese reordenamiento profundo.
América Latina, además, ha vivido un movimiento pendular. Un giro hacia la izquierda que, como ocurre históricamente, tiende a transitar por el eje central antes de continuar hacia la derecha. No es una anomalía ni una excepción regional: es la dinámica natural de las sociedades y de las economías cuando buscan corregir desequilibrios acumulados.
En Colombia ese péndulo se expresó en un paréntesis. Un momento en el que un segmento de izquierda tuvo la oportunidad de gobernar con ideales sociales que, en su esencia, pueden ser legítimos y justificados. Sin embargo, la falta de estructura, de ética, de gestión y de capacidad de ejecución, terminó nublando esa apuesta. Gobernar exige algo más que narrativa. Ese paréntesis no está aislado: está alineado con el movimiento regional y con una transición que hoy nos vuelve a conectar con una tendencia de centro, con impulso hacia la derecha a mediano plazo.
No soy creyente de los pronósticos. Los estudios sobre el futuro suelen ser inciertos, incompletos y limitados por variables imposibles de anticipar. A estas alturas de las ciencias económicas, lo único que puede predecirse con absoluta certeza, es el pasado.
Pero sí creo profundamente en algo distinto: el sentimiento sobre el futuro. No por ser predictivo, sino por ser movilizador. El sentimiento impulsa la acción; la acción determina los resultados; y los resultados validan ese sentimiento inicial.

Mi sentimiento es optimista: un punto de inflexión y el inicio de una nueva fase de crecimiento sostenido. Me atrevo a pensar que de 2026 a 2040 viviremos en Colombia y en América Latina el rebote pos-pandemia, el ajuste del péndulo político y una etapa de maduración comercial de mercados regionales (una relativa desglobalización responsable).
Es época para planear a largo plazo, sembrar con optimismo y cosechar sin miedo. Momento para innovar, producir más y mejor, y convertir la estabilidad en oportunidad.
La productividad es evolución;
La innovación es la base de la productividad; y
Y la confianza en un futuro es la fuente de financiación de la innovación.
2026, será nuestro pivote. Si actuamos de manera adecuada y oportuna. Si confiamos plenamente en un futuro próspero; preparémonos, tendremos oportunidades extraordinarias para todos.
Feliz 2026 y felices fiestas.










