Siempre me he preguntado que tiene de particular en la vida cotidiana el cambio de año. La mayoría de la gente el 2 de enero tiene las mismas actividades que el 30 de diciembre y como cada vez con menos frecuencia tenemos que escribir las fechas en cheques o documentos porque ahora todo es automático, no hay un parámetro nuevo que debamos interiorizar. Lo que si pasa es que, terminadas las fiestas, las familias vuelven a dispersarse y solo quedan los recuerdos de los buenos momentos y los abrazos que estimulan el alma.
En la práctica, al regresar a la rutina tenemos que asumir que el salario mínimo subió en un porcentaje más alto que el esperado y tendrá un efecto inflacionario innegable que exige otras medidas macroeconómicas para que los supuestos beneficios no se conviertan en perjuicio general para la economía nacional. Se esperan alzas en transporte, servicios públicos, bienes y servicios primarios y gastos cotidianos influenciados por el salario mínimo, lo que representará un verdadero reto para todos los ciudadanos que no recibirán incrementos tan elevados y para los empleadores, especialmente pequeños empresarios, que tendrán que encontrar estrategias de control de costos para no desaparecer.
2026 es un año electoral y eso implica tomar decisiones dejando de lado intereses personales y evaluando seriamente el país que queremos y cómo lograremos tener un Congreso y un Presidente que respondan con conocimiento y probidad al gran desafío de estabilidad de la democracia, recuperación de la seguridad ciudadana, cuidado de las finanzas públicas, protección de los derechos individuales y colectivos, cobertura de pendientes sociales y uso adecuado de los recursos disponibles. No son solo personas lo que vamos a elegir, es un modelo de país que los colombianos debemos escoger.
Si actuamos con coherencia (es mi reto personal permanente) tendremos que escoger entre congresistas que se comprometan con algún beneficio personal -que en muchos casos ni puede cumplir- o uno con la capacidad de analizar con rigor y solvencia moral la conveniencia de las propuestas del ejecutivo, presentar sus propias iniciativas y acompañar o defender los intereses de la región. Otra opción es privilegiar a los que hacen más control político que propuestas, lo cual también es válido, pero sería mejor si además de criticar y denunciar se pronunciaran con sus aportes e ideas para mejorar.
En la baraja hay desde influencers hasta expertos políticos con muchos años de ejercicio. La experiencia ya demostró qué hacen los que más gritan y cuanto han aportado los “decanos”, por lo que es hora de evaluar la opción entre quienes conocen de lo público y pueden hacer lo correcto en este 2026, que espero este lleno de buenas decisiones en todos ustedes.












