En columna de diciembre 24/2025 señalaba que el gobierno de Petro -después de confusos y contradictorios mensajes internos- anunció que reanudará las fumigaciones con glifosato. Un cuestionado herbicida, por sus graves efectos sobre la salud y el ambiente; según fuentes acreditadas citadas en columnas anteriores y en mi libro Venenos en el Hogar. Es conocido que los diferentes tipos de fumigación (aéreas y terrestres) afectan a las poblaciones aledañas pues los pesticidas son arrastrados por los vientos y/o las aguas y algunos -además- permanecen activos mucho tiempo. Por lo mismo, algunos países adelantan medidas para proteger poblaciones afectadas.
En Francia, se informó (diciembre 18/ 2025): “Le Monde, en colaboración con un grupo de investigadores, elaboró un mapa de Francia que muestra las escuelas, institutos y preparatorias según su proximidad a las parcelas agrícolas donde se utilizan pesticidas”. “Según nuestros hallazgos, una de cada cuatro escuelas está sujeta a “alta presión”… y recibe al menos un tratamiento con pesticidas de dosis completa al año. Este trabajo surge tras una serie de estudios sobre la sobreexposición de los residentes en zonas agrícolas y los riesgos que supone la exposición a estas sustancias químicas, especialmente para los más jóvenes y vulnerables”.
Según el estudio más de 1,7 millones de escolares franceses están sometidos a altos niveles de “presión de pesticidas”. Los estudios se realizaron considerando un radio de un kilómetro alrededor de las escuelas. Pero, se advierte que algunos pesticidas pueden “viajar mucho más allá de un kilómetro desde su lugar de aplicación”. Una investigación del Instituto Nacional de Salud (Inserm) de Francia, demostró “una relación entre la densidad de viñedos alrededor de una vivienda y el riesgo de leucemia linfoblástica aguda en niños”.
Algunas de las propuestas de especialistas a las autoridades francesas para lograr “territorios libres de pesticidas” son: reducir el uso de pesticidas cerca de las escuelas, ampliar las zonas sin tratamiento y promover cambios en las prácticas agrícolas promoviendo la agricultura ecológica; en la que no se aplican estos tóxicos y por lo tanto también produce alimentos más saludables. Así mismo proponen: “la diversificación de cultivos, plantación de setos y establecimiento de franjas de césped”. Y que las autoridades locales orienten adecuadamente el uso del suelo en los planes de desarrollo urbano e implementen mecanismos de compensación para los agricultores afectados.
Esperemos que en Colombia el gobierno regrese a las promesas anteriores de Petro de no realizar fumigaciones con glifosato y adelante medidas reales para proteger a los agricultores y a las poblaciones localizadas en zonas aledañas a cultivos legales e ilegales fumigados. Para los cultivos ilegales hay que fortalecer los programas educativos y médicos orientados a reducir la enfermiza adicción que genera la demanda que alimenta la ilegal oferta.










