Escribo esta columna desde Francia, país donde, atendiendo protestas ciudadanas, el gobierno propone prohibir la importación de alimentos de América Latina fumigados con pesticidas prohibidos en Europa. France24 (enero 4 de 2026) informó: “En un intento por calmar la ira de los agricultores, quienes denuncian lo que consideran una competencia desleal de países con estándares menos estrictos (que permiten el uso de pesticidas prohibidos), el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, anunció el domingo la próxima suspensión de las importaciones sudamericanas que contengan sustancias prohibidas en Europa”.
El propósito es suspender la importación de productos que “contengan residuos de sustancias prohibidas en Europa: como mancozeb, glufosinato, tiofanato-metil y carbendazima”, “productos fungicidas o herbicidas”. Esto afectaría -entre otros- la importación de “aguacates, mangos, guayabas, cítricos, uvas y manzanas” …”procedentes de Sudamérica o de otros lugares”, pero también “los melones, las cerezas, las fresas o las patatas ya no podrán entrar en Francia ni venderse”. “La medida requiere la aprobación de la Comisión Europea”.
Por supuesto que estas medidas disminuirán las ventas de productos cultivados por agricultores latinoamericanos y de otros países por lo que tendrán un negativo efecto económico sobre estas poblaciones. Sobre todo, que la tendencia mundial -con argumentos razonables- es a rechazar los alimentos y demás productos cultivados bajo la modalidad de la llamada “agricultura insostenible”; por los problemas económicos, ambientales y de salud asociados.
La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señala: “Nuestros actuales sistemas alimentarios y agrícolas no están afrontando los principales desafíos de nuestro tiempo, mientras millones de personas siguen padeciendo hambre o malnutrición. Sin cambios profundos en estos sistemas, resultará imposible alcanzar un nivel de producción que satisfaga nuestras necesidades con una base de recursos naturales que ya se encuentra seriamente agotada”.
“Es necesario que expandamos y aceleremos la transición hacia una alimentación y una agricultura sostenibles, que garanticen la seguridad alimentaria mundial, brinden oportunidades económicas y sociales, y protejan los servicios ecosistémicos de los que depende la agricultura. Los sistemas agrícolas y alimentarios son insostenibles si no benefician a aquellos cuyos modos de vida dependen de ellos y si se basan en tecnologías y enfoques anticuados, si el acceso a los recursos, insumos y mercados es limitado, y si no existen oportunidades de empleo decente”.
Es en este contexto que el gobierno de Petro informa que reanudará las fumigaciones con el cuestionado herbicida glifosato. Esperemos que este gobierno y el siguiente dejen atrás la palabrería y adopten acciones concretas para empezar a solucionar estos y otros graves problemas que afectan al país. En la Unión Europea la Estrategia «De la Granja a la Mesa» busca “lograr que los sistemas alimentarios sean justos, saludables y respetuosos con el medio ambiente”.










