Santander no pide privilegios. Pide coherencia, responsabilidad institucional y sentido de urgencia. La carta enviada recientemente al presidente de la República, al Ministerio de Transporte y a la Agencia Nacional de Infraestructura sobre la Ruta del Cacao es una expresión clara, respetuosa y técnicamente sustentada de esa exigencia. No se trata de una queja coyuntural ni de una presión política interesada: es el llamado legítimo de la sociedad civil organizada, del tejido empresarial y de actores del sector público regional que entienden que el desarrollo también se construye con infraestructura terminada y funcional.
La Ruta del Cacao no es una vía más. Es un corredor estratégico que conecta el área metropolitana de Bucaramanga con la provincia de Yariguíes, articulando producción, logística, competitividad y oportunidades para miles de santandereanos. Su incompletitud —especialmente el tramo pendiente de la Unidad Funcional 8— ha generado una afectación evidente en términos de movilidad, seguridad vial, costos logísticos y pérdida de competitividad regional. Mantener ese cuello de botella es condenar al departamento a seguir pagando sobrecostos económicos y sociales que ya no son aceptables.
La carta pone el dedo en la llaga: existe un entrabe jurídico que el Estado debe resolver con decisión. La terminación anticipada del contrato ocurrida en 2023 dejó un limbo que hoy exige claridad sobre el estado del arbitraje internacional, las alternativas jurídicas viables y un cronograma realista para concluir la obra. No hacerlo implica prolongar la incertidumbre y, con ella, el deterioro de la confianza institucional.
Lo relevante de este pronunciamiento no es solo su contenido, sino quiénes lo firman. Allí están voces que representan a la industria, al comercio, a la ingeniería, a la academia, a los gobiernos locales y a las organizaciones de competitividad. No hablan desde la improvisación ni desde la protesta vacía: hablan desde el conocimiento técnico, desde la experiencia territorial y desde la responsabilidad con el futuro de Santander. El Gobierno nacional no debería ignorarlo.
Resolver lo jurídico y acelerar la culminación de la Ruta del Cacao no es un favor a Santander; es una inversión estratégica para el país. El departamento ha venido construyendo una visión clara de futuro: consolidarse como el verdadero ‘corazón logístico de Colombia’, gracias a su vocación para el transporte multimodal. Santander tiene una ubicación privilegiada para articular vías troncales y transversales, la navegabilidad del río Magdalena, la conectividad aérea y, en el mediano plazo, la integración con la red férrea nacional. Pero ninguna visión se sostiene si las piezas básicas de la infraestructura quedan inconclusas.
Cada día que pasa sin una solución definitiva es un día en el que se castiga a las comunidades que dependen de esta conexión para sacar sus productos, acceder a servicios y generar empleo.










