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Sábado 17 de enero de 2026 - 01:00 AM

Top 5 de lo que nos enorgullece o nos avergüenza

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En 7 semanas tendremos elecciones y muchos nos preguntamos si tuviéramos la varita mágica ¿qué le pediríamos a los congresistas? Una opción es reconocer las potencialidades y los déficits, para identificar cosas concretas que puedan atenderse con leyes o proyectos.

En Santander nos enorgullece la Universidad Industrial, sus instalaciones, sus capacidades intelectuales y científicas y su presencia regional. El conocimiento es una fuente de valor. De ahí debe salir la apuesta real hacia las energías alternativas, la innovación y la tecnología al servicio de los ciudadanos en muchas áreas del conocimiento donde Santander tiene que ser pionero como otrora en petróleo, geología y mecánica. Normas y recursos nacionales serían necesarios allí.

Nos sentimos emocionados cuando se habla del cacao santandereano y la gran expansión de la industria avícola. La agroindustria y el turismo son nuestras mayores oportunidades y tenemos industriales muy valientes haciendo la tarea. Tenemos que sacarle provecho a esta montaña, al valle y al rio mejorando la infraestructura de manera consecuente con esas potencialidades para que la inversión se quede en Santander. La sociedad santandereana de ingenieros tiene un balance completo de la situación de la infraestructura vial y fluvial. No hay que inventar nada, hay que buscarlos y trabajar con ellos. Ese debe ser un propósito colectivo de la bancada sea cual sea.

Generalmente los déficits son más relevantes y la lista es larga. Es vergonzosa la situación de Metrolínea, la ausencia o riesgo en servicios básicos y la cantidad de homicidios reportados el año anterior, por escoger solo 3.

El AMB y el Ente Gestor han tratado de buscar fórmulas de rescate al transporte masivo, pero la clave es recuperar los pasajeros. Los buses padrones pueden recorrer unas rutas y las estaciones pueden arreglase, hasta pensar en tranvías o monorrieles, pero si los pasajeros no vuelven todo será infructuoso. Este año debe renovarse buena parte de la flota del TPC, entonces es el momento de apoyar a los transportadores para que puedan traer vehículos nuevos, reorganizar las rutas y que los barrios recuperen el servicio y la cultura del colectivo. Hay que volver a empezar, aprender de los errores y trabajar con los que tienen el conocimiento empírico. La ley de transporte debe reconocer eso.

Municipios sin agua, problemas de residuos y falta de energía parecen noticias tristes del siglo pasado. Hay que complementar inversiones con fuentes nacionales incorporando opciones energéticas innovadoras y recursos de largo plazo.

Y la seguridad, tanto rural como urbana, exige buscar más profundamente las causas porque algo pasa atrás que no se está identificando y falta inteligencia y gestión social.

Así que, trabajo sí hay, escojamos las congresistas que puedan hacerlo.

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