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Sábado 24 de enero de 2026 - 01:00 AM

De vuelta a clases

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Hay algo especial en volver a clases. Uno entra al salón, acomoda los papeles, mira las caras nuevas, escucha los saludos tímidos y de inmediato siente que empieza otra historia. Cada semestre es un nuevo comienzo, una segunda oportunidad para hacer las cosas mejor. Así lo siento cada vez que abro mi computador frente a un grupo de estudiantes en la querida facultad de derecho de la UPB.

En esos primeros minutos suelo decir algo que para muchos resulta inesperado: “La nota no es lo más importante. Lo que realmente importa es: ¿qué has hecho hoy para vivir en un mundo mejor”.

A veces algunos sonríen, a otros les genera inquietud, pero casi siempre queda un silencio breve, como si la frase tuviera que acomodarse dentro de cada quien antes de significar algo.

La repito porque estoy convencido de que estudiar derecho sin preguntarse para qué estudias derecho es un acto vacío. He visto demasiados abogados exitosos profesionalmente y profundamente derrotados en lo humano. También he visto jóvenes brillantes perderse en el formalismo, creyendo que memorizar artículos es suficiente para enfrentar el mundo. Y no, no lo es.

El derecho toca vidas y agrava problemas aún cuando también los puede solucionar. Por eso creo que uno no debería dedicar su vida a ser abogado sin preguntarse primero quién quiere ser como persona.

Quizá por eso este inicio de semestre me encuentra más reflexivo que de costumbre. Cada vez estoy más convencido de que la tarea del profesor no es solo transmitir conocimientos, sino abrir espacios para que los estudiantes descubran algo sobre sí mismos. No quiero aulas llenas de repetidores de códigos sino gente que se pregunte, que dude, que sienta el peso de poder ayudar a otros desde esta profesión.

El país no necesita más abogados que vean a los demás como expedientes. Necesita personas que, dentro y fuera de los estrados, recuerden que la justicia empieza por la manera en que tratamos al otro. Por eso este semestre, más que hablar de exámenes, lecturas o notas, quiero invitar a mis estudiantes a hacer una pregunta que vale más que cualquier calificación: ¿quién estoy tratando de ser?

Si logramos que al menos un estudiante mire su carrera con un sentido más profundo, ya habrá valido la pena. Y los ámbitos son muchos, desde las líneas del derecho penal, constitucional procesal, esa profundidad de la carrera puede ser perfectamente abarcada con fines altruistas y en línea con la visión de apoyo propuesta por la universidad.

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