Nuevamente ocupa lugar destacado en las noticias nacionales la precaria calidad de la educación superior que imparten algunas instituciones universitarias y la forma como usan nuevas modalidades de educación, como la virtualidad. Si bien la noticia periodística se refiere a determinados casos en particular, lo cierto es que hay desorden en la educación superior. En Colombia, así como hay universidades de buen nivel académico, hay bastantes instituciones universitarias que imparten educación cuyo estándar de estudios y exigencia es deficiente, laxo, mediocre.
Bastantes instituciones universitarias han disminuido el número de semestres que deben cursarse para graduarse, se permite estudiar simultáneamente tres, cuatro o más carreras de educación superior, se imparte educación virtual precaria, acientífica, y, de ñapa, el control y vigilancia que sobre las universidades ejerce el Estado a través del Ministerio de Educación es insuficiente, deficiente, asimétrico.
Y, por añadidura, las universidades “de garaje” tienen “palancas” políticas que impiden que las “toquen” y por eso el problema solo aflora cada vez que estalla un escándalo.
En los últimos tiempos han surgido modalidades educativas que “saltan a la torera” la profundidad y rigor que se exige para cursar estudios de educación superior y sin temor gradúan a profesionales cuyo conocimiento es deficiente, insuficiente y sin rigor científico. ¿Resultado? Cada vez hay más “doctores” semianalfabetas.
Para exigir buena calidad académica a las universidades se creó la figura de la “acreditación de alta calidad” de los estudios que imparten y en un principio el Estado fue exigente para expedir tal certificación. Pero la politiquería, que todo lo pudre, logró que hoy pululen las universidades con certificación de “alta calidad” de sus estudios. ¿Acaso es que por arte de magia mejoró la calidad de la educación impartida por las universidades “de garaje”? No, fue que ellas movieron “palancas”, y hoy, flamantemente, publicitan tener tal certificación.
Actualmente un estudiante puede graduarse, simultáneamente, en 3, 4, o 5 carreras de educación superior. ¿Acaso son muchachos con coeficiente intelectual excepcionalmente alto? No, es que al Estado le están metiendo “gato por liebre” y así, mientras quienes cursan estudios en universidades serias “se queman las pestañas” 5, 6, o 7 años para honrosamente graduarse en una carrera profesional, cuando aspiran a un cargo, el “sabio” que pese a ser semianalfabeta tiene acumuladas, simultáneamente, 4 o 5 carreras universitarias, logra que lo seleccionen a él.
En materia de control de la educación superior, el Estado es “rey de burlas” y las mañas de los politiqueros protege a las “universidades de garaje”, a sus “graduados” y el país solo se entera del asunto cada vez que estalla un escándalo.












