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Lunes 29 de junio de 2026 - 01:00 AM

Jugamos muy bien, ¡no somos campeones del mundo!

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Tan pronto inició el partido entre Colombia y Portugal, se acabó la reventa de boletas, los pronósticos y la goma por ver a Cristiano Ronaldo; lo advertimos desde Guadalajara: los dirigidos por Néstor Lorenzo no iban a viajar a Miami para tomarse fotos con CR7, mucho menos para pedirle autógrafos, un saludito para la mamá que estaba de cumpleaños o una tía que se muere de ganas por conocerlo. ¡No señor! El único que se abrazó con él de manera especial, fue James; los demás ni lo voltearon a mirar. Los jugadores del combinado patrio desde el himno nacional tenían una mirada que asustaba, como la de Dávinson Sánchez, ¡por ejemplo! Los portugueses no soportaron el himno, les reventó los tímpanos, los dejó groguis; salieron medio borrachos y en los primeros minutos el onceno colombiano sacó sus mejores pasos para bailarlos. La salida desde el fondo era ordenada; todo iniciaba con Vargas -quien tuvo una atajada que pagó la mitad de la boleta- jugando de manera tranquila el balón con sus centrales y los laterales. Dávinson despejaba todo lo que olía a peligro; reventó lo que pasaba por allí.

Santiago Arias sacó corriendo a Joao Félix y salió volando por su sector para acompañar el ataque; ese muchacho estaba poseído, era un angeo. Lucumí y Machado eran patrulleros y vigilaban de cerca a Cristiano. Cada vez que el astro portugués tenía el balón, ellos le pedían papeles y lo sacudían con todo. Lerma era el mesero, el botones, el ascensorista: subía y bajaba, venía, cargaba, le servía al equipo y lo auxiliaba con sus balones servidos en charola, o en bandeja, ¡si lo prefieren! A su lado Puerta, la puerta de salida del onceno tricolor. Ni Vitinha, ni Neves, mucho menos Fernandes, lo vieron; se les comió el bacalao, pero primero, ¡lo desmenuzó! Y remató a la portería rival. Si no es por Diogo Costa, Portugal se lleva cinco goles del Hard Rock. Córdoba, el hijo de Acisclo, era un tractor con motor de Ferrari y ganó todos los duelos individuales, igual que sus compañeros.

¿Jhon Arias? Pensó que estaba jugando en Brasil y recordó sus buenos tiempos en el Fluminense. Tocaba, creaba, se asociaba con James, con Lucho Díaz, con Santiago, y le entregaba los balones limpios a Córdoba. Todos tuvieron opciones; fue lindo ver y disfrutar a un equipo humilde, que corrió, se divirtió, presionó y bailó a los encopetados navegantes portugueses. Le anularon un gol a Dávinson en el cierre del mejor partido de su carrera deportiva. Dicen que fue por una uña; hoy debe estar sacando cita para hacerse un pedicure en un spa. Hasta aquí todo muy bonito, estamos felices, el país vibró con los muchachos, pero: ¡cuidado! El viernes está la selección de Ghana en nuestro camino. Dejemos atrás las emociones; por el empate con Portugal, ¡no somos campeones del mundo! Fuimos primeros del grupo y recuerden lo que les dije sobre los africanos: son equipos jodidos, fuertes y nunca les hemos ganado por más de un gol. Pies en la tierra y a seguir unidos en este mundial. Hasta la próxima.

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