India y la Unión Europea han llegado a un acuerdo histórico que elimina aranceles para más del 90 % de los productos que intercambian. Esto representa un mercado que reúne cerca de una cuarta parte de la población mundial y alcanza un valor combinado de unos 27 trillones de dólares.
Si la señora Von der Leyen habla de un win-win entre dos gigantes es porque, del lado europeo, la industria automovilística —en particular la alemana se beneficiará de una reducción progresiva de aranceles del 110 % al 10 %, favoreciendo también sectores como los productos químicos, la maquinaria, los plásticos, las aeronaves y los bienes farmacéuticos, respecto de los cuales se prevé alcanzar un arancel cero. De este modo, hacia 2032 los europeos duplicarían sus exportaciones a India, que en 2024 alcanzaron los US$142.300 millones.
Para India, por su parte, este acuerdo constituye una oportunidad para sus textiles, la joyería y la producción de acero, que ya llegan al mercado europeo pero que podrían hacerlo sin aranceles.
Asimismo, se pactó acelerar la entrega de visas, facilitando la entrada de estudiantes y profesionales indios a Europa.
A diferencia del acuerdo con Mercosur, firmado hace unos días en Asunción, el pacto con India no sacó los tractores a las calles de España, Alemania, Grecia o Francia, y parece tener un camino menos tortuoso para su ratificación, pues excluyó productos agrícolas sensibles para ambas partes, como el azúcar, el arroz, el trigo, los lácteos y los cárnicos.
No cabe duda de que si estos dos gigantes han logrado un acuerdo comercial luego de casi veinte años de negociaciones intermitentes, ello obedece al actual escenario geopolítico y, más específicamente, a la política exterior de Trump 2.0, que los castigó duramente.
El contexto en el que se encuadra este acuerdo comercial es el de un cambio aún más profundo en la política internacional, en el que los países buscan reducir rápidamente su dependencia de Estados Unidos mediante la diversificación de socios y el fortalecimiento de capacidades domésticas, como lo dejó claro el comentado discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, en Davos y su acercamiento a China.
Si la Unión Europea ha cerrado un acuerdo comercial con India haciendo la vista gorda frente a sus estrechas relaciones políticas y económicas con Rusia, no es por casualidad, sino como consecuencia de la agresividad e imprevisibilidad que desde hace un año gobiernan en Washington.
Adaptando a este caso la conocida frase del asesor de Clinton: es la geopolítica, estúpido.










