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Miércoles 04 de febrero de 2026 - 01:00 AM

Inventar la esperanza

A Yolanda

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Olvidar es una palabra que nos recuerda lo imposible. Desafiamos al destino cuando lo intentamos; pero volvemos a ser los mismos, ahora más cansados. Desconocer el valor de las cosas es semejante a desconocer el valor de la vida. Porque la vida no se calcula, no se anda midiendo, ni buscándose, ni prometiéndose esperar. La vida no se actúa, tampoco se representa. La vida es todo lo que hay, lo que fue y lo que será. Y se asemeja a sí misma a perpetuidad. La vida es todo lo que nace y lo que muere. Nada se vuelve sorprendente, porque la vida se mira a sí misma y no reconoce ningún rostro, ni voltea a mirar cuando la intentan llamar por su nombre.

A nadie más le consta; la vida se acaba. Desaparece una mañana y asusta saber que no ha de regresar. La esperanza se ahoga mientras respira. El mundo se pierde frente a nuestros ojos que no paran de buscar. Las excusas sólo rompen el silencio. Las promesas se apilan en el suelo junto a la cama.

Despertar es un esfuerzo definitivo. Es decidirse a morir sin preocuparse por fechas, modos o lugares. Habitar el espacio y transitarlo sin remordimientos es el comienzo de una nueva y cercana mirada; un sentir absoluto. Un volver para sí mismo.

Inventar la esperanza cuando la vida pierde todo su valor es prometerse otra vez un mañana mejor, sólo que esta vez estará más cerca. La muerte también lo estará. Abrazar esa vida que se va y escuchar esa canción que cuenta todos los secretos. Levantarse con un cuerpo más grande cada día y volver a consolarse, porque el amor siempre regala buenos recuerdos.

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