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Jueves 05 de febrero de 2026 - 01:00 AM

“¡Oh, Gustavo!”

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El encuentro del pasado martes entre Petro y Trump fue uno de los más esperados en mucho tiempo, no solo en Colombia, y puso fin a todo tipo de especulaciones. El morbo que despertaba la reunión en la Casa Blanca no era gratuito: los sucesivos desencuentros entre ambos líderes alimentaron pronósticos de todo tipo.

Algunos aseguraban que Petro podría correr la suerte de Zelenski o que incluso terminaría preso, como Maduro.

No obstante — para la desilusión de quienes querían “sangre en la arena”—, la reunión, de casi dos horas, transcurrió a puerta cerrada y en un clima de relativa cordialidad, evidente desde el saludo del presidente estadounidense: “¡Oh, Gustavo! Good to see you”, según el testimonio de nuestro embajador en Estados Unidos.

Creo que, para entender el éxito del encuentro en el que hasta donde se sabe, el Gobierno colombiano presentó datos sobre sus esfuerzos en la lucha contra el narcotráfico; se habló de sustitución voluntaria de cultivos de coca, de cooperación con Venezuela en materia de seguridad fronteriza y de energía, con un papel relevante de Ecopetrol, es clave observar al menos dos factores.

Al lado del liderazgo del presidente y el trabajo eficaz de su comitiva, encabezada por el ministro de Defensa, la canciller Villavicencio y el embajador García-Peña; es importante no perder de vista el pragmatismo de Trump.

Ese carácter pragmático del presidente republicano fue evidente tras la intervención de hace un mes en Venezuela cuando apostó por una gobernabilidad con Rodríguez en lugar de la oposición liderada por Machado.

Todo indica que el presidente estadounidense ve en Petro a un mandatario que, a pocos meses de terminar su periodo y con un respaldo popular nada despreciable, tiene posibilidades reales de dar continuidad a su proyecto político.

Estoy convencido de que, si en Washington se percibiera a una oposición con la fuerza político electoral para volver al poder este año, Trump jamás se habría reunido con Petro, concediéndole la oportunidad de reforzar su base y debilitar el discurso opositor según el cual un gobierno progresista pone en riesgo la relación con Estados Unidos.

Ojalá esta reunión sirva para reencauzar la relación bilateral.

Aunque, en las actuales circunstancias geopolíticas, subjetivas y electorales en ambos países, nunca se sabe.

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