En Colombia llevamos años hablando de agua. Los diagnósticos sobran. Lo que ha faltado, de manera sistemática, es decisión para convertir ese diagnóstico en una prioridad real de país. Por eso resulta tan relevante que, desde escenarios distintos, comiencen a converger visiones que entienden el agua no como un tema sectorial más, sino como infraestructura estratégica para el desarrollo.
En el marco del sexto Seminario de Acueducto y Alcantarillado, realizado esta semana en Barranquilla, Andesco hizo una advertencia que no puede pasar inadvertida. Colombia apenas alcanza un 50% de avance en el ODS 6 y requiere inversiones cercanas a los 126 billones de pesos para cerrar la brecha en agua potable y saneamiento básico. Más preocupante aún es que, en los últimos tres años, la ejecución de los recursos asignados por el Ministerio de Vivienda para proyectos de agua ha sido, en promedio, de apenas el 7,2%. Estas cifras confirman que el problema no es de diagnóstico, sino de prioridad y ejecución.
Esta advertencia coincide, en esencia, con el que dio origen a la Agenda Estratégica del Agua que se viene impulsando desde Santander. Una agenda que parte de una premisa fundamental: el agua es el motor del desarrollo. Como lo expone Camilo Sánchez, presidente de Andesco, “donde hay agua bien gestionada hay posibilidades de crecimiento; donde falta, el futuro se estanca”.
Ambas visiones coinciden también en la necesidad de abordar el ciclo completo del agua. No basta con ampliar coberturas de acueducto si no se protege la fuente ni se garantiza el tratamiento adecuado de las aguas residuales. Ignorar cualquiera de estas etapas es trasladar el problema en el tiempo y multiplicar los costos ambientales, sociales y económicos para los territorios.
Otro punto de convergencia es la urgencia de una visión de largo plazo. Los proyectos de agua no se resuelven en periodos cortos ni admiten improvisaciones. Requieren estabilidad institucional, seguridad jurídica y marcos regulatorios y tarifarios definidos con criterios técnicos. Decisiones tomadas desde la ideología o el populismo pueden comprometer la suficiencia financiera de las empresas prestadoras y frenar la inversión durante años.
Desde mi rol como director de la Agenda Estratégica del Agua, no puedo sino sentirme identificado con el llamado que hace Andesco a construir una nueva Agenda Nacional del Agua. Una agenda que trascienda la coyuntura política, que articule inversión pública y privada y que permita pasar del discurso a la acción.
El desafío del agua en Colombia debe ser una prioridad nacional. Si queremos cerrar brechas sociales, fortalecer la competitividad de los territorios y garantizar calidad de vida, el agua debe ocupar el lugar que le corresponde. No como discurso, sino como política de Estado. Porque sin agua no hay desarrollo, no hay competitividad y no hay futuro.












