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Domingo 08 de febrero de 2026 - 01:00 AM

“Pipe, me voy a volver loco”

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El 15 de junio de 2024, a las tres de la mañana y sin poder dormir mucho, le envié la columna ‘Escribiéndole cartas a Dios’ a dos grandes amigos que estaban fuera del país: Beto Janiot y Carlos Pérez Sanmiguel. El primero, hijo de un jugador histórico del Bucaramanga; el segundo, hijo de Rafael Pérez Martínez, uno de los socios fundadores del Atlético el 25 de agosto de 1948 y quien 10 años después lo convirtió en corporación deportiva. Don Rafael fue presidente del equipo durante más de una década y debido a sus ocupaciones como alcalde de la ciudad, gobernador del departamento y empresario destacado, entregó las riendas de la institución durante un acto de condecoración en el Club del Comercio, el cual fue presidido por el tío José Chalela Chalela quien vino a la ciudad para exaltar la labor como dirigentes deportivos de Rafael Pérez Martínez, Jorge Reyes Puyana y Alfonso Mantilla entre otros. Esa noche don Rafael le regaló a la ciudad las acciones del equipo.

Tuvo varios hijos con su querida esposa Beatriz Sanmiguel, entre ellos, los mellizos Juliana y Carlos Fernando; don Rafael nunca imaginó que su hijo menor, el flaco, más blanco que una cuajada, fuera a salir hincha furibundo y enfermo de amor por el Atlético. Lo conocí por la cercanía de mis padres con los suyos y como si fuera poco, vivíamos cerca. Ellos, en la calle 44 con 35 y yo en la carrera 39 con 44 frente a la ‘Casa del Diablo’. Carlos se fue de San Pedro por decisión propia y llegó al Instituto Caldas en 1979 para encontrarse con su alma gemela: Felipe Zarruk. Empezamos a ir al estadio y allí vivimos momentos inolvidables; hace años nos reencontramos en Café Con Verso y ‘Carlangas’ recordó que una noche el Atlético perdió un partido y yo lo animé para ir a reclamarle al técnico, el profesor Alberto Rendo. Se lo dije en broma y el ‘flaco’ Pérez lo tomó muy a pecho, se encaramó en el alambrado que separaba la tribuna de sombra de la cancha y le decía de todo al entrenador. ‘El toscano’ Rendo se volteó y se empezaron a ofender. Lo bajamos de ahí porque la cosa se calentó y se vino todo el plantel a respaldar al estratega argentino; los hinchas también se pusieron del lado de Carlos y en esas llegó el loco Alejo Quiroga y ni para qué les cuento. Nos tocó volarnos del estadio muertos del susto y de la risa; risa que se terminó cuando don Rafael se enteró de ese acto bochornoso y le metió su regaño a Carlos, de paso a mí y al mismo tiempo nos negaron el permiso para ir a fútbol durante unos meses.

Carlos Fernando estudió conmigo hasta 1980 y se devolvió al Colegio San Pedro en 1981 para hacer quinto y sexto bachillerato. La vida nos separó; yo me fui para Estados Unidos y él se fue a estudiar Ingeniería Civil. ¡Era una porra para las matemáticas! Tiempo después nos vimos y me contó que había decidido viajar por el mundo, dejó botada su carrera y se fue a vivir a Montreal en donde empezó a trabajar con la aerolínea Air Canadá. Seguimos en contacto por el amor al Atlético y la madrugada del 15 de junio le envié la columna y se puso a llorar; Beto hizo lo mismo desde Dinamarca. Esa noche luego del título, nos fuimos a celebrar por un rato al apartamento de Jorge Gómez, primo de ‘Chicho’ Torres, otro enfermo de amor por el Leopardo. Mientras enviaba material para Vanguardia y La Cultural, tomé un whisky y miré el celular; abrí el chat con Carlos y este gritaba: “hijueputa, me voy a volver loco Pipe, usted es mi hermano del alma, lo quiero mucho”. Quedamos de vernos el año pasado, pero el cinco de octubre de 2025 llegando a Bogotá en un vuelo con su aerolínea, falleció víctima de un infarto. Carlos: te recuerdo con cariño, ya nos veremos en el alambrado celestial. Te extraño mucho.

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