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Miércoles 18 de febrero de 2026 - 01:00 AM

Una anécdota de película

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Las personas acostumbramos a recordar y a compartir ese recuerdo con los demás, cuando lo que sucedió despertó algún tipo de emoción en nosotros. Cualquier interacción cotidiana se escapa de la rutina cuando activa nuestra atención, dejando una huella asociada a la alegría, la rabia, el miedo, la tristeza o la sorpresa. Entonces el recuerdo se convierte en anécdota.

Existen anécdotas cargadas de contenido: fue tan profundo su significado, que a partir de ese momento nos dotaron de insumos mentales para expandir nuestra forma de pensar.

Hace un tiempo, mi esposa y una amiga suya consultaban la cartelera de cine. Mi esposa, entusiasmada por las historias realistas, donde el drama y la comedia se fusionan, convirtiéndose en un reflejo de la vida de cualquier ser humano, le recomendó a su amiga un título que cumpliría con esas expectativas. La amiga de mi esposa se negó rotundamente; ella prefería las películas que la alejaran del hastío de la vida diaria, pues trabajaba en una institución educativa, y acudía al cine para ver algo diferente del drama y la comedia con las que lidiaba a diario, atendiendo estudiantes y padres de familia. Ella prefería las películas de acción, aventura y fantasía. “Historias que no le traigan más problemas a mi vida” -decía.

Su argumento me cautivó. Se convirtió en una de esas anécdotas que traen consigo una lección de vida. Ahora, cada vez que vamos al cine con mi esposa, ampliamos nuestro criterio de selección, basados en el consejo indirecto que nos dio su amiga. Y así equilibramos esa tendencia de sólo disfrutar historias cuya apreciación requieren cierta actitud y sensibilidad intelectual, alternada con el consumo de historias que se hicieron básicamente para emocionar y entretener. Eso sí, con todo el gran presupuesto económico que se invierte en estas últimas para lograrlo.

Hay quienes dicen que el cine está en crisis. Pero los grandes estudios del mundo siguen produciendo películas por montones. Los contenidos y las formas de consumo son los que marcan las diferencias en este arte que está abierto a todo tipo de público.

Santander y en especial Bucaramanga tienen desde hace diez años la oportunidad de disfrutar, en el mes de febrero, de un festival de cine sin igual en nuestra región. Se trata de la quijotesca labor del SANFICI o del Santander Festival Internacional de Cine Independiente. Este espacio de encuentro para los amantes del cine de autor, cine independiente y cine de bajo presupuesto es una apuesta para impulsar el desarrollo cultural y darle voz e imagen a quienes trabajan y luchan por hacer del cine una herramienta para construir sociedad. Consulte la programación del SANFICI en redes sociales y disfrute sus películas.

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