La hora de la estrella, de la escritora brasileña Clarice Lispector, y publicada en 1977, poco antes de su muerte, es una novela que nos lleva a Río, aunque con un salto de unos cuarenta años en el pasado.
En este libro, la autora relata la vida de Macabéa, una niña de la región noreste de Brasil, que ahora trabaja en Río, sobreviviendo en una vida de marcada pobreza. Tiene 19 años, está desnutrida y es casi invisible. Trabaja como mecanógrafa, cena perritos calientes y no tiene ni idea de lo mucho que le falta en la vida. Macabéa se enamora de un obrero metalúrgico llamado Olímpico, un hombre arribista con vocación de torero y aspiraciones de diputado. La protagonista pierde su trabajo, visita a una adivina y encuentra su destino.
Rodrigo, el narrador, es un escritor tímido que interrumpe constantemente el texto para cuestionar sus propios motivos. Con habilidad, la autora logra describir muy bien a los personajes: la infelicidad ignorada de Macabéa; la amargura de Rodrigo, sorprendiendo al lector con su estilo desacompasado y con frases breves que golpean y obligan a ser leídas de forma pausada. Macabéa vive entre prostitutas, pero se rebela contra un mundo que le ha tocado en suerte o en desgracia, y que la pone entre un porvenir desalentador y el anhelo de una vida mejor.
La madre de la autora, Mania Krimgold, fue violada por un grupo de soldados durante los ataques dirigidos contra la población judía durante el Imperio ruso y contagiada de sífilis. La pequeña Chaya, que se convirtió en Clarice al llegar a Brasil, nació de una madre sifilítica en plena huida de la guerra, lo que nos hace comprender cómo la condición personal es determinante a la hora de escribir. En una entrevista, Lispector reveló que en sus libros no hay una preocupación excesiva por los hechos en sí porque, para ella, lo importante no eran los hechos en sí, sino las repercusiones de dichos hechos en el individuo afirmando que «pensar es un acto. Sentir es un hecho».










