Estamos en un año decisivo para nuestra democracia. En las elecciones de este domingo y las presidenciales de mayo nos estamos jugando, literalmente, el futuro de Colombia.
Escogeremos básicamente entre dos modelos: por un lado el comunismo autoritario -disfrazado de izquierda- que ha fracaso en absolutamente todas las naciones en las que se ha implementado, restringe y limita los derechos y libertades de los ciudadanos y los mantiene en la pobreza como medio de instrumentalización y manipulación y, por el otro lado, la Democracia que, aunque imperfecta, es garante de nuestros derechos y libertades, a la vez que le da sustento a la estructura fundamental de nuestra República que consiste en una Constitución que establece unas reglas de juego claras que dividen el poder público en tres ramas, en donde cada una de ellas nos protegen de los posibles abusos de las otras dos.
Y no nos equivoquemos: el establecimiento actual, representado por el petrismo, encarna esos principios comunistas y tiene en Iván Cepeda su propio candidato que, de llegar al poder, acelerará el proceso que acabará con nuestras libertades. No en vano, una de sus banderas de campaña es la de adelantar una Asamblea Nacional Constituyente que les permita cambiar las reglas de juego para forzar sus reformas sin tener que someterse al Congreso y a las altas cortes -a quienes considera un estorbo- y han sido los grandes héroes en este periodo de gobierno, impidiendo una mayor tragedia.
Por lo tanto, si usted comparte conmigo la idea de que debemos unirnos para derrotar de una vez por todas la amenaza del comunismo, es imperante que salgamos a votar masivamente este domingo.
Primero, por un Congreso que logre adelantar las reformas que el país necesita, al tiempo que sea capaz de contener las iniciativas perversas que seguro vendrán de esa amenaza comunista (particularmente si, Dios no lo quiera, continúa en el poder). En mi caso, lo haré por el Centro Democrático tanto para el Senado como para la Cámara de Representantes, pues es ese el partido que en mí concepto más fielmente encarna los valores democráticos, más disciplinado ha sido en su tarea y mejor nos ha protegido de los abusos de este Gobierno.
En cuanto a las consultas de precandidatos presidenciales, votaré en La Gran Consulta por considerar que agrupa a las personas que más fielmente representan los valores democráticos, son íntegras y además cuentan con la mayor experiencia. Si a esta Consulta le va bien, aumentará nuestra posibilidad de derrotar al comunismo en las próximas elecciones presidenciales, pues no solo tendremos más y mejores opciones de dónde escoger, sino que asegurará buena parte de los votantes de Centro; fundamentales para ganar la Presidencia.










